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4/11/20

Casablanca, por Draupadí de Mora





tenemos una casa que es tuya
una casa elevada al menos dos
una casa mínima
una casa ínfima
de las que caben cien en un arroz
a mí me gusta esa casa
a la que se entra por la cocina
 
            y se llega pronto al living
            en esta casa impercetible
 
ciertamente es casa loca
casa puta
casa fina
casa blanca
sobre todo
blanca
qué blanca es esta casa
 
 
 
en El jardín de los violadores amables, 2016
G0 Ediciones











6/7/18

copos, por Draupadí de Mora





es posible que jamás seamos invernales
como los apancles
que bajo nuestros pies no crezca más la hierba
es posible, pues
que sigamos siendo lo que somos hasta ahora
copitos de caca cayendo dulcemente
a lo largo y ancho de la noche

es posible, repite mi voz perdida
que en la nariz del siglo dejemos
de existir o existamos, peor aún

oh, hermanos copos, empapelaremos el suelo
cuando por fin toquemos tierra
y otros copos vengan a oscurecernos el sol
y a darnos una suave lección de olvido



Inédito, 2018













19/9/17

pasábamos horas frente a los televisores, por Draupadí de Mora






horas frente a los escaparates
horas frente a los papeles de la oficina
horas frente al pizarrón verde de la escuela
horas frente a la pantalla azul de Word
horas frente a la comida rápida
horas frente a la verdad histórica
horas frente al túnel del tiempo
horas frente al cañón oscuro
horas frente a una división con punto
horas frente a recuerdos que parten
horas frente al perro del vecino
horas frente a los asesinos
horas frente a los cables que cruzan el cielo
           frente a una ciudad destruida
           frente a un centro de tortura
           frente a películas con trenes
           frente a redondas letras
           frente a un muro
           frente al universo ovillado
pasamos horas
frente a las horas que pasaron de largo



en Lo merecemos todo, 2017









19/4/17

Fantasmas, por Draupadí de Mora






vengo de donde los que no somos hombres /
aún se refugian / en fantasmas sin fantasma
de donde aún se necesita el refugio
para la falta de sueño y el ojo seco
de donde se destapan cervezas verdes
al volver sobre el viejo positivismo
todavía envuelto en su suave polvo

vengo pero no llego sino que vengo vengo y vengo
y mi venganza es tan sin blanco tan silenciosa
como el vacío de una pierna amputada
invisible /
como los fantasmas que nos acogen en sus brazos
vanamente felices



en Lo merecemos todo
(Mantra Edixxiones), 2017






1/11/16

El jardín de los violadores amables, Draupadí de Mora





El jardín de los violadores amables, de Draupadí de Mora
Poesía
G0 Ediciones
2016





23/8/16

Les nacimos viejos..., por Draupadí de Mora







¿
Les nacimos viejos
y prematuros forever
manitas arrugaditas
hinchadito el higadito
reventaíto el pulmoncito

Nos lastiman la luz y las botas
cómo pica la barba de mamá
cuando dulce se acerca a la cunita
para que labios
y hambre de estómago pegado
mamen de sus tetas la leche esa
la leche esa que viene del río ese
del río ese de la perra
de la montaña de la momia
de la semilla seca

decían sus muros
todo a lo largo
el paso del tiempo
y en un arrebato poético
dos puntos


Inexorable
el paso del tiempo
inexorable como los muros
sus poetas su leche sus dos puntos sus callejeros
n o s o t r o s
solos más solos
ni siquiera más viejos

en estas horas inexorables
dicen las paredes
?




en El jardín de los violadores amables (G0 Ediciones), 2016

Fotografía: César Fuentes





5/7/16

El fin después del fin, por Ariel Rioseco G.






Sobre El jardín de los violadores amables, de Draupadí de Mora



A través de las sucias ventanas, ella realiza piruetas, sorteando la calle, buscando un felino ajeno que ella misma, sin recordar, dibujó. La observo a través de los cristales, la veo atrapando la precaria mañana, el mediodía, la tarde incompleta… como el asesino que espía, planea y ejecuta. Frente a ella se resquebraja la hoja y la escritura, mientras la muerte imperfecta huye para regresar, desvestida. Imagina el cielo, bebe un ron, más tarde un whisky, esperando ansiosa el encuentro, el calor, el cóncavo-convexo.

La chica de secundaria sobre los íconos de una situación política que no funciona… se emociona y vuelve a amar reencarnándose en un sueño que la humedece hasta que la bombilla explota y el encanto se quiebra en dos. Sobre una mesa de desconocidos ella lee y yo, junto a ella, leo también, contemplando un mundo de figuras casi invisibles que invaden el cuarto y el poema que yace embriagado ante la falta de poder.

Las preguntas, como dardos, van desde las pérdidas y los regresos, hasta la presencia y la falta de fe en un instante que podría ser, pero luego ya no está. Draupadí se dramatiza y anhela como un crimen sin arrepentimiento, surgiendo del caos la pregunta obvia que desnuda la hora y otros colores: ¿Cómo se suicida si se ama tanto?

Pues así, como tres días de locura jamás alcanzan, la edad no lo es todo y la indolencia no sirve para llenar los espacios que dejan las otras grandes dudas. Quiere creer y, tal vez por ello, corre la milla y se descubre la herida profunda que sangra sin esperar. Tal vez por esto, sin temor, no diluye ni dilata; porque ve en cada escena un final después del fin y en la próxima avenida un esbozo, una poética, que envuelta en un silencio constante, abre una senda a otros amores y amantes, aunque esto signifique un temblor, un corazón del cual solo quedarán cientos de cristales rotos.


San Clemente, Chile, junio 2016