21/9/17

Dos olas, por Matías Rafide






Mi hija en la penumbra. Tiene
llaves ocultas en el sueño.
¿Qué vientos soplarán
en primavera?

¿Sombras ascenderán
por ventanas de su pequeño
cielo?

Sus ojos adivinan los años sigilosos.
Ráfagas de un ayer incierto.

¿Se fugará la tierra algún día?

No todo acaba en el río.
Dos olas el mismo mar
tumbará luego en la orilla.



en Poemas del Maule (Antología), 1973









19/9/17

pasábamos horas frente a los televisores, por Draupadí de Mora






horas frente a los escaparates
horas frente a los papeles de la oficina
horas frente al pizarrón verde de la escuela
horas frente a la pantalla azul de Word
horas frente a la comida rápida
horas frente a la verdad histórica
horas frente al túnel del tiempo
horas frente al cañón oscuro
horas frente a una división con punto
horas frente a recuerdos que parten
horas frente al perro del vecino
horas frente a los asesinos
horas frente a los cables que cruzan el cielo
           frente a una ciudad destruida
           frente a un centro de tortura
           frente a películas con trenes
           frente a redondas letras
           frente a un muro
           frente al universo ovillado
pasamos horas
frente a las horas que pasaron de largo



en Lo merecemos todo, 2017









7/9/17

Teoría, por Kenneth Goldsmith






Selección


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Antes era artista, después me convertí en poeta, después en escritor. Ahora cuando me preguntan respondo que soy un simple procesador de texto.


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Escribir debería requerir tan poco esfuerzo como el lavar los platos. Y ser igual de interesante.


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Internet está destruyendo la literatura (y eso es algo positivo).


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Internet es el poema más grande jamás escrito. Ilegible, debido a su tamaño.


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Un niño podría hacer lo mismo que hago yo pero no se atrevería por miedo a que lo llamasen estúpido.


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El futuro de la literatura se halla en la gestión del vacío.


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El futuro del escribir es no escribir. El futuro del leer es no leer.


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Empieza a copiar lo que amas. Cópialo, cópialo, cópialo. Al final de la copia te encontrarás a ti mismo-


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No necesitamos frases nuevas, con re-enmarcar las frases existentes ya tenemos suficiente.


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La idea de reciclar el lenguaje me parece política y ecológicamente sostenible. Dicha idea promueve re-usar y re-acondicionar lo viejo y se opone a la manufactura y consumo de lo nuevo. Es una actitud que se contrarresta con el rampante consumo global capitalista, admite que el lenguaje no puede poseerse o ser poseído pues el lenguaje es un recurso compartido. Así, esta idea está más próxima al pensamiento marxista que ninguna otra.


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Discurso del conceptualismo: un movimiento ideológico fluido que celebra la impureza y los placeres culpables, que rehúye nociones de pureza y autenticidad, que rechaza las doctrinas absolutas.


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Si haces algo mal durante mucho tiempo, la gente terminará pensando que está bien hecho.


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Arte es la licencia para hacer las cosas mal. El resto del mundo intenta hacer las cosas bien. Nos complace actuar de forma errónea, gozamos con el no saber, disfrutamos rompiendo cosas.


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Por desgracia, la escritura creativa sigue muy viva. Estoy haciendo todo lo que puedo para matarla.


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“Cualquier palabra que diga será estúpida y falsa. Después de todo, soy un pseudo”, dijo Marcel Duchamp.


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No amor, los poemas jamás formarán parte directa de la revolución popular.


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La creatividad es un concepto que ha sufrido gran desgaste y abuso; antes significaba algo excepcional, algo que nos diferenciaba de los demás, algo que nos hacía especiales. Es un término que se ha reducido a un concepto de base que viene a significar un antónimo de la creatividad: mediocridad, moderación, aceptabilidad, cobardía… La creatividad ya no es creativa.


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El plagio es la forma más sincera de adulación.


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Puede que estas palabras sean mías. O puede que no. Después de haber vivido tanto tiempo con ellas ya no puedo ver la diferencia entre una cosa y otra.


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Un intelectual dice algo sencillo de forma complicada. Un artista dice algo complicado de forma sencilla.


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¿De verdad necesitamos otro poema que describa cómo la luz cae sobre el escritorio como metáfora de la operación de cáncer que tuvo tu madre?


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¡Abajo las galerías! ¡Vivan las papelerías!


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No creo para nada que exista un “yo” estable y esencial. Soy una amalgama de tantas cosas: libros que he leído, películas o series que he visto, conversaciones que he tenido, canciones que he cantado, amantes que he amado. De hecho, soy una creación de tantas personas y tantas ideas que me parecen escasísimas las ideas realmente originales que he tenido. La idea de que cualquier cosa aquí es original sería obviamente un pensamiento egoísta. Algunas veces pienso que he tenido una idea original y entonces, a eso de las dos de la madrugada, mientras veo una película antigua por la televisión que hacía mucho tiempo no veía, el protagonista suelta algo que antes había pensado era mío. Por decirlo de otra forma: me apropié de sus palabras (que, por supuesto, no eran realmente “sus palabras”), las interioricé y las hice mías. Esto sucede todo el tiempo.



en Teoría, 2015








24/8/17

Tomas del desencanto, por Martín Cinzano



 

Sobre Refugio, Antología (2009-2017) de Gladys González Solís
Mantra Edixxxiones, Ciudad de México, 2017
Ilustraciones de Jacome Alejandro


Un solo y duro poema de versos cortos parece, en ocasiones, la poesía de la chilena Gladys González, cuyo Refugio es el nuevo título de Mantra Edixxxiones. Se trata de una antología que abarca poemas de Aire quemado (2009), Hospicio (2011) y Calamina (2014), más dos textos hasta ahora no incluidos en libro: “Un bar vacío” y “Refugio”. Duro y único poema, decimos, por las zonas de vecindad comunicante que en estos y otros textos (como los de la antología Pequeñas cosas, 2015) se revelan al modo de secuencias consecutivas muy nítidas, especialmente en el tratamiento de imágenes que se adentran en el abandono: “paredes blancas / de una casa hipotecada / libros en el suelo / cuentas por vencer sobre el sillón” (“Insomnio”). En esa línea de indagaciones, Refugio se deja recorrer por un voyerismo versátil como el de una cámara que por fin penetra, a tientas, en un país bombardeado, y así, deteniéndose además en esas “habitaciones” o “pequeños espacios del dolor”, convierte este breve conjunto de poemas seleccionados en un hiperestésico objeto contundente y, a ratos, cortopunzante. 

Pero hay otro nivel, más intimista quizá, donde el registro visual de los espacios catastrados es tentado por la inminencia del abismo personal, por ese “momento de decidir / continuar bebiendo / o dejar / el instante eterno de la borrachera” (“Refugio”). El minuto de lucidez: ese vacío que se abre en el centro de la fiesta, como decía Roberto Juarroz, en tanto momento decisivo en el que o se esquiva la ebriedad, o se procrastina, otra vez, la mesura. “Sólo un alcohólico podía alcanzar esa sobriedad”, escribió Gilles Deleuze sobre Jack Kerouac, y “Última noche”, el poema más extenso de Refugio, en ese aspecto hace alarde de un rechazo categórico mediante la puntillosa interpelación hacia otro —m(uch)acho al que se mantiene a raya— mientras se bebe en ese bar eterno, que junto a los hoteles sucios y las camas rotas figura como uno de los espacios tensos predilectos de esta poesía: “yo soy un monstruo / y esta selva / de boxeadores viejos / es mi jardín secreto / y mi familia”. El bar de Gladys González es ese lugar (de lo) esquivo habitado por congregaciones difusas —siempre iguales, como las ciudades— sin más proyecto discursivo que el de permanecer en la simulación de un intercambio espinoso. Pero el resto, el afuera, la luz del día cegadora al salir del bar y los días venideros en esa distancia de la resaca temblorosa que lo fractura todo, se ancla en la experiencia de la exclusión, en “los gestos del desencanto”, en “la escena / de la más completa indefensión” (“Insomnio”).

Ahora bien; si la lectura de Refugio se deja llevar por estas tomas del desencanto en las que se enfocan con ojo herido, también, colchones viejos, ventanas rotas, galpones y bolsillos vacíos (“este no es el paraíso ni el anteparaíso”, se leía de entrada, como una poética, en Gran Avenida de 2005) es porque el refugio opaco del oficio, con todo, puede refulgir aún por un misterio: “lo que escribo / parecen retazos de algo desconocido / que pretendo intuir / dibujando en el vaho de mi reflejo / que va atravesando / en medio de la noche / los túneles iluminados de la ciudad” (“Habitaciones”). Es una lectura que probablemente se detiene gustosa en lo superficial, pero los poemas de la presente antología, con valentía, también lo son, en el sentido en que Nietzsche decía de los griegos: “eran superficiales, —¡por ser profundos!”. 







14/8/17

Hacia nuevos mares, por Friedrich Nietzsche






Allí quiero ir; aún confío
en mi aptitud y en mí.
En torno, el mar abierto, por el azul
navega plácida mi barca.
Todo resplandece nuevo y renovado,
dormita en el espacio y el tiempo el mediodía.
Sólo tu ojo —desmesurado-
me contempla, ¡oh Eternidad!



en Poemas (Hiperión), 2010

Traducción: Txaro Santoro y Virginia Careaga








5/8/17

Fui a ver a la Dama Dragón, por DylanManiaco





Dedicado a Fernanda,  a  los boddhisatvas
y a Aileen Lyon en especial

Went to see the gypsy,
The gypsy's door was open wide
But the gypsy was gone, 
Bob Dylan



      Fui a ver a la Dama Dragón
En un hotel campestre
Sonrió cuando me vio
Asentía como diciendo bien, bien, bien

      Su morada iluminada y amplia
las ventanas luz matutina
¿Qué  es la mente? Preguntó
Eso pregunto yo, respondí

      Fui a la piscina del hotel
A sumergirme en el murmullo del agua
Una guapa maestra de yoga estaba ahí
Y empezó a cantar:
"Vuelve a ver a la Dama Dragón
Ella muestra la naturaleza de la mente
Deshace la ignorancia
Acaba con la confusión
Lo hace en Colorado
Y puede hacerlo acá

      Bajo el agua la vida bullía
Ni lágrimas ni sonidos
Todo parecía distante
Ecos lejanos en mis oídos.

      Volví a ver a la Dama Dragón
Casi se ponía el sol
Su habitación estaba abierta de par en par
Pero ella ya no estaba
Se habrá marchado al mar
Donde siempre tenía  un talón
Tatuado
Sumergido

      A la guapa maestra de yoga
Tampoco la volví a encontrar
Así que me fui a ver la puesta de sol
En esa pequeña ciudad de la cordillera de la costa
Desde alguna cumbre
En ese pequeño pueblo del murmullo del agua



Inédito, 2017








17/7/17

Poema para tiranos, de Lenore Kandel





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Los seres que sienten son incontables.

Prometo iluminarlos a todos.

Primer voto del budismo


Parece que debo amarte incluso a ti
más fácil amar las cosas bonitas
los niños                     las campanillas
más fácil                    (al aumentar la compasión)
amar al desconocido

Fácil incluso darse cuenta (con compasión)
del dolor y del terror implícito en aquellos
que tratan al mundo a su alrededor
con tanta brutalidad             tanto odio

Pero, oh                      yo no soy cristo
bendiciendo a mis verdugos
no soy buda               no soy santa
tampoco poseo esa fuerza incandescente
de la fe iluminada

pero                aún así
eres un ser que siente
y respira este aire
al igual que yo soy un ser que siente
y respira este aire
buscando mi iluminación
debo buscar la tuya

Si poseyera el amor suficiente
si poseyera la fe suficiente
podría quizás, entonces, trascender tu camino
y alterar eso también

Perdóname, pues
no puedo amarte todavía


en Beat Attitude (Antología), 2015








3/7/17

Conclusión, por Bernardo Navia






Hace ya un tiempo que
se me escaparon los versos.
Se marcharon sigilosos
de noche o de día;
por el balcón se descolgaron,
o se fueron con los libros
que olvidé una tarde
en los patios helados
de silencio y de nada
donde juega la muerte
a sus rondas torcidas.

No lo sé. Ya no importa.
Yo estoy bien, muy bien, ¿no lo notas?

Sin embargo tengo a veces,
muy a veces, por cierto,
que apartar de mis hombros
la mirada de ellos,
los que hacen esas sombras
por las calles insomnes;
y los gritos del cielo
por los ángeles muertos;
y los versos obtusos
de inviernos sin fin.
Son ellos que miran,
muy a veces mi vida,
me miran y se ríen
pues saben que sé
que no están.

Pero están.



en Viaje en dos jornadas, 2011






28/6/17

Eternidad, por Armando Rubio







Un tiempo mi padre
olía a tabaco,
y en sus mejillas curtidas
de oficios ajenos,
había un no sé qué
de silenciosa experiencia.

Olía a tabaco mi padre,
y yo, con mi leche y mis sopas
me encaramaba en sus brazos,
muy alto,
con la risa.

Su cabeza,
una copa desierta,
nido de pájaros
negro y revuelto;
mi mano hurgaba,
y de vez en cuando
una cana solitaria despegándose
ante la risa atenta de mi padre.



en Poesía completa, 2015

Retrato de Raimundo Rubio Huidobro, la dedicatoria dice:
“A mi amado hermano Armando, que yace en el lugar de los sueños”,
23/12/1980






21/6/17

Cherry blossom, por Clemente Riedemann






a Nelson Schwenke y Marcelo Nilo


Junto a los muelles parece de aluminio el Potomac.
El capitolio florece al fondo de una bruma azul.

Las luces de los aviones no cesan en su fulgor,
iluminando los camarones en nuestros platos.

Mejor que nunca es el vino cuando se bebe
entre amigos que cantan. Cuando el alma está
en paz i el corazón late sin prisa, porque el trabajo
está bien hecho.

Como barcos de otra época, amarrados en los muelles
de las afueras del universo, nos sentimos.

Ni jóvenes ni viejos, no hay expectativas,
ni sobreviven las dudas: sagrados i jubilosos son los días.

Es nuestro karma encontrar la felicidad
a orillas de un río.



en Una casa junto al río (Antología, Descontexto Editores), 2016

(Originalmente en Wekufe en NY, 1995)