17/7/18

Un hombre que duerme, por Georges Perec





Fragmento

No eres más que un ojo. Un ojo inmenso y fijo que lo ve todo, tanto tu cuerpo arrellanado como a ti mismo, observador observado, como si hubiese girado completamente en su órbita y te contemplase sin decir nada, a ti, al interior de ti, el interior negro, vacío, glauco, aterrado, impotente de ti. Te mira y te deja paralizado. Nunca dejarás de verte. No puedes hacer nada, no puedes escaparte, no puedes escapar a tu mirada, nunca podrás: incluso si alcanzases a dormirte tan profundamente que ninguna sacudida, ninguna llamada, ninguna quemadura lograran despertarte, ahí seguiría ese ojo, tu ojo, que nunca se cerrará, que nunca se dormirá. Te ves, te ves verte, te miras mirarte. Incluso si te despertases tu visión permanecería idéntica, inmutable. Incluso si lograras añadirte miles, millones de párpados seguiría, detrás, ese ojo, para verte. No te duermes, pero ya no te volverá el sueño. No estás despierto y nunca te despertarás. No estás muerto y ni siquiera la muerte lograría liberarte...



Originalmente en Un homme qui dort, 1967

Primera traducción al español, 1990











6/7/18

copos, por Draupadí de Mora





es posible que jamás seamos invernales
como los apancles
que bajo nuestros pies no crezca más la hierba
es posible, pues
que sigamos siendo lo que somos hasta ahora
copitos de caca cayendo dulcemente
a lo largo y ancho de la noche

es posible, repite mi voz perdida
que en la nariz del siglo dejemos
de existir o existamos, peor aún

oh, hermanos copos, empapelaremos el suelo
cuando por fin toquemos tierra
y otros copos vengan a oscurecernos el sol
y a darnos una suave lección de olvido



Inédito, 2018













29/6/18

Correcciones a las correcciones de las correcciones (del señor Felipe Cussen), Aciro Luménics






Correcciones a las correcciones de las correcciones
(del señor Felipe Cussen), de Aciro Luménics
Chapbook
G0 Ediciones
2018




27/6/18

efectos a, Michael Farrell





efectos a, de Michael Farrell
Selección y traducción de Kurt Folch
Poesía
G0 Ediciones
2018





26/6/18

Eliminación de oraciones, por Alejandro Zambra





En los ejercicios 55 a 66, señale qué oraciones o párrafos del enunciado pueden ser eliminados, porque no agregan información o no guardan relación con el texto.

55.
(1) Durante años nadie vino a visitar mi tumba.
(2) Tampoco esperaba a nadie, a decir verdad.
(3) Pero hoy vino una mujer a dejarme flores.
(4) Cuatro rosas rojas, dos rosadas y una blanca.
(5) No sé quién es, no recuerdo haberla conocido.
(6) No creo que sepa que fui una mierda de persona.

A) Ninguna
B) 2
C) 4
D) 5
E) 6
[...]



en Facsímil, 2014










18/6/18

Texto del amanecer, por Clemente Riedemann






Dándose cuenta de todo, pero sin poder controlar nada, amanece en su territorio retórico donde agrega textos con la ilusión de diferenciarse de los otros y a la vez reconocerse. Pero cada vez es más los otros, y estos más parecidos a él mismo. De tal modo que presentándose libre/nuevo/único, el amanecer se desliza en la jaula del texto que supone de su autoría, porque, a decir verdad, está construido con palabras ya escritas un montón de veces. Sin embargo, hete aquí la luz solar desgarrando el spleen, repartida aquí acullá en sílabas viejas/nuevas/similares/únicas, con las que imagina sus opciones de felicidad.



en Riedemann Blues, 2017











25/5/18

Me retracto, por José Ángel Cuevas





Yo, que ataqué a la tele por vacua
y hueca. Sí, sí.

Ahora comprendo que la tele
puede ayudar a una vida vacía
en los días desiertos
gente sin trabajo / sin amor.
Puede sentarse en un sillón azul y dejarse llevar
por aventuras yankis o aldeas españolas
grandes cintas de los años de post guerra.

Uno puede pasar todo el día
perdido en otros mundos lleno de imágenes
Y no en su pobre vida de mierda.



en Maquinaria Chile, 2012











25/4/18

“Porque allí vive mi corazón”, por Raúl Zurita






Arrasado, acosado por las aguas
por los sueños en que sólo a ti te busco
Flores cruzaron los torrentes
y más aun se angostan
los puentes cuando te alejas
Han cambiado su curso los ríos
y ya luego correrán sobre el cielo
Así también habrán de subir los grandes imperios
y el deseo
entre las zarzas ardientes de tus orillas

Allí vive mi corazón,
donde se quiebran estos ríos
y únicamente tú eres su curso

            sólo tú navegas



en Canto de los ríos que se aman, 2010

(1ª reimpresión de la 1ª edición)
 












29/3/18

Gracias Gracián, por Carlos Decap





A mi amigo Carlos Cociña


Los panarras buenos hombres amenistas
Lisonjeros sencillos y buenas pastas
Se hicieron a la banda de ultramar
Persegidos por un aforismo
Poco importa la honra antigua
Si la infamia es moderna
Ahora se reirían de esa vejedad
Por último lo más apropiado era callar
Y escuchar a Gracián
Y callemos con gracia.



en Mal pasajero, 2017










13/3/18

Objets in mirror are closer than they appear (Sobre Flash, de Franklin Goycoolea. Go Ediciones, 2017), por Manuel Illanes




 
La más reciente publicación de la editorial chilena G0 Ediciones reúne una serie de imágenes y textos del poeta y fotógrafo Franklin Goycoolea, amén de una nota preliminar (firmada por el mismo Franklin) y una conversación sostenida entre éste y Juan Luis Martínez en septiembre de 1991, transcrita por Martín Cinzano. Todos estos materiales permiten dimensionar el trabajo realizado por Goycoolea a lo largo de los años, creando una suerte de “retrato” fantasmal del artista; retrato que se ve reafirmado en el epílogo que cierra Flash, texto elaborado por Carlos Almonte en el que la labor del poeta santiaguino es puesta en términos del situacionismo surgido en los años 50’: “Escribir como un disparo. Disparar como escribiendo. Goycoolea es un fotógrafo situacionista, en las tres acepciones acuñadas en 1958”, (p. 103).

Hay que aclarar de entrada que la poesía de Goycoolea se liga problemáticamente con la práctica fotográfica que él realiza, al menos en lo que al libro de G0 Ediciones se refiere. Sus textos surgen a partir de la observación de acciones cotidianas o paisajes urbanos, de los cuales el hablante se separa para instalar una suerte de reflexión en torno a las cosas y el significado que ellas presentan: hay, por tanto, una distancia que se hace palpable entre el lenguaje y sus referentes y que se manifiesta en una cualidad metaliteraria de la escritura de Flash. Esto se traduce a nivel de los poemas en la abstracción y sequedad que exhiben muchos de los textos que forman parte del libro, siendo Tergiver’s art el epítome que alcanza categoría de arte poética respecto a esta postura: “Forzar / Torcer / Las razones, argumentos / o las relaciones de los hechos / y sus circunstancias / Para defender o excusar / alguna cosa” (p. 12). La abstracción a la que he aludido antes, encuentra en poemas como El retrato familiar, Variedad del rostro humano y el magnífico La novela punk sus puntos más altos: “Comer sin parar / Tomar sin parar / Escribir es como fotocopiar / Te avergüenzas el que no eres / Te disfrazas / en pensamientos y erráticas miradas / como moscas / evitando el peso de una resaca / Hazte uno contigo en lo fragmentario / el resto resta en residuos de collage / Las moscas sobrevuelan / el lugar que real / y prácticamente habito / en mi cabeza” (p. 65).

Por el contrario (o mientras tanto: aquí el lector puede escoger libremente cuál locución adverbial usar) las fotografías que el libro incorpora desarrollan preferentemente un relato de soledad y marginación en que destaca, por sobre cualquier otro tema, la visibilización de un Valparaíso precario, siempre al borde del derrumbe y el abandono. En ellas parece gravitar la sombra de Edward Hopper, el pintor norteamericano, especialmente en aquellas tomas donde prevalecen las visiones nocturnas del puerto y en otras donde se presenta a personajes solitarios meditando en sus ventanas, de manera similar a como figura en cuadros emblemáticos de Hopper tales como Morning sun. Esta visibilización de la fragilidad del puerto adquiere en ciertas imágenes un lirismo intenso, como sucede, por ejemplo, en aquella fotografía que muestra una bandera chilena desgarrada flameando sobre un horizonte en que destaca la silueta del edificio del Congreso (en que parece resonar, de manera lejana, el trabajo del Álvaro Hoppe de los 80’), que hallamos en la página 13.

El diálogo que se transcribe, casi al final del libro, entre Juan Luis Martínez y Franklin Goycoolea, viene a resolver, de alguna manera, la tensión planteada entre palabra e imagen en Flash, puesto que en él se reflexiona, justamente, sobre el estatuto que cada uno de estos conceptos ocupa en la poética de ambos escritores, en especial respecto de la relación entre fotografía y silencio: “JLM: Una vez me ocurrió ver una serie de fotos tuyas en las que jugaba un papel central el ruido y la sobreexplotación de elementos que remitían a una laceración, a un desgaste. Sin embargo… había ahí un silencio por el cual la foto dejaba un espacio de respiro necesario. Una abertura. FJG: Definitivamente creo que muchas fotos, si no todas, tienen un silencio, un espacio en que no significan más que su silencio”, (p. 94). Encontramos aquí una teorización que permite establecer un puente entre el trabajo textual que desarrolla Goycoolea y su labor fotográfica y, también, que cierra de forma adecuada el retrato fantasmal que Flash construye de la figura del autor, que, parafraseando al mismo Juan Luis Martínez, podría resumirse más acertadamente en el caso de Goycoolea como “La vida del autor: su palabra, su imagen”.



CD MX, marzo 2018










6/3/18

Las Lenguas, por George Oppen




 
(Las lenguas)
de la apariencia
hablan en el inevitable
viaje inmenso
viaje algo se pierde con negar
esa fuerza los momentos los años
incluso de muerte perdidos
al negar
esa fuerza      las palabras
fuera de ese remolino propias
y no propias extrañas
palabras que lo rodean



en George Oppen: poesía, ensayo y entrevistas, 2012

(Traducción de Kurt Folch)

Originalmente en Primitivo, 1978










27/2/18

Un mapa físico, por Martín Cinzano



 

allá al fondo
pasando el cráter

si usted serpentea
en dirección este

y sortea las dificultades
propias del mapa

físico

subirá subirá
hasta la punta del cerro

y en la punta
del cerro

como observándonos
atenta o indiferente

de una sola mirada

abarcando cráteres
minerales destellos

de plata embrutecida
dentaduras camisas

rasgadas las banderas
el farellón y más allá el mar

se alza la roca

y la roca lleva grabados
nuestros nombres

y parece que por el peso
de nuestros nombres

la roca fuera a caer
de un momento a otro

salir disparada y rebotar
y ascender y descender

eternamente

entre una cordillera
y otra cordillera

destruyendo a su paso
todo cuanto halle

de vida y esperanza

cuesta abajo y cuesta arriba
en la rodada

atrapada en un vaivén
eterno como un soplo

bastaría

un imperceptible acomodo
tectónico

un grito de oquedades
marítimas

podría al fin
desgajarla del cerro

de los muertos



Inédito, 2018 









5/2/18

Guasa, por Bernardo Navia




 
Abundio Macías estaba seguro de que moriría pronto.

No estaba enfermo. De hecho, robusto y metódico en sus costumbres, había gozado siempre de buena salud.

No tenía problemas serios con nadie (lo que tal vez habría supuesto la mórbida acción tal vez de algún enemigo, miembro del hampa o no). De hecho, hasta había sido reconocido alguna vez por el propio alcalde de su ciudad como citadino ejemplar.

No era hipocondriaco. De hecho, se había caracterizado siempre por una actitud mental y física decididamente positivas y sobresalientes.

Abundio Macías tampoco sufría de depresión, ni mucho menos. De hecho, siempre se había caracterizado por una sonrisa a flor de labios. Hasta se podría decir que era optimista, a pesar de su seguridad inamovible de que moriría pronto.

“Los dioses tienen un sentido del humor extraño”, solía decir la abuela de Abundio cuando éste, siendo un niño, insistía desde ya en mencionar la seguridad de su fin cercano (a veces, en contextos que no tenían nada que ver; en medio de una cena familiar, por ejemplo). Era entonces que su abuela, dando suspiros y mirándolo con fijeza, se refería al extraño humor de los dioses al no entender cómo tan certera y más bien oscura conclusión podía venir de un niño tan popular entre sus pares y tan inteligente; además de ser muy bien parecido y acomodado, tanto en el área social como en la económica.

Abundio Macías estaba seguro de que moriría pronto. Y con esta seguridad (que él nunca se molestó por explicarle ni aclararle a nadie), vivió su vida casi como ajeno o impermeable a los problemas personales y colectivos; pero, y esto es quizás lo más curioso, no se podría haber dicho nunca que a él no le importaba nada de eso (el público reconocimiento que había hecho de él el alcalde, así lo atestiguaba).

En fin, al transcurso de los años, que pasaban veloces, se le sumaron sus dos divorcios, sus fundaciones y cierres de compañías, sus logros y fracasos tanto personales como económicos y muchas otras instancias que la gente suele catalogar como “bendiciones”. Se le sumó también todo ese inagotable, macabramente inagotable (e inevitable) desfile de problemas componentes de la realidad humana, farsa o no: espirituales, físicos, económicos, sociales, nacionales, internacionales, políticos, ambientales; en fin, de toda esa —condenada ya desde el principio— aventura humana que un buen día, cuando Abundio acababa de cumplir 60 años, se redujo al apocalíptico fin que ya se presentía o adivinaba hacía siglos pero nadie se atrevió a ponerle fecha; pues 3 o 4 horrendas, terríficas, absolutas, indescriptibles, totales y definitivas explosiones nucleares que se sucedieron con rapidez inaudita una a la otra, impusieron oscuridad y silencio global de forma casi instantánea.

Abundio Macías estaba seguro de que moriría pronto. Por eso que esa mañana, la de su sexagésimo cumpleaños y luego de que hubieran ocurrido tan inauditas (aunque, al mismo tiempo, terriblemente anticipadas) explosiones, recordó —con sorna esta vez—a su abuela: “los dioses tienen un sentido del humor extraño”.

Se preguntó si habría más sobrevivientes.

Cerró los ojos y no quiso pensarlo.



Inédito para G0 Ediciones, 2018



Pronto: Lanzamiento de Sobre destinos, ciudad y Dios
Cuentos de Bernardo Navia
Ars Communis Editorial, Chicago





25/1/18

Nosotros, el tiempo: Una aproximación a ¡Flash! de Franklin Goycoolea, por Ariel Rioseco






“El tiempo es una sustancia de la que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego”, revela Jorge Luis Borges trasponiendo nuestros pensamientos a lo básico y haciéndonos sentir que, si bien podemos ir, extraviarnos, incluso desaparecer para luego regresar, el tiempo será siempre nuestro hilo conductor. Goycoolea lo detiene amarrando no solo el instante, sino también su alma (acá llamada gesto de inmediatez). En su cuño, las imágenes de las circunstancias son efectos (impresiones, breves conmociones) con que el interior se manifiesta, más precisamente, se retrata, desplazándonos, como mudos testigos, hacia un lugar donde el tacto y la visión perpetuaron la emoción y los sueños.

En la construcción de sentidos, el poeta (dicho acá en genérico) abraza la brisa, el mar, el cielo abierto, un cuerpo; y, con ello, congela el tiempo, los minutos y las horas con las que enfrenta precisamente aquello, el paso del tiempo: “Esos sueños que no quieres que acaben y no acabamos nunca, meridianamente se anuncian las doce para dividir las veinticuatro horas del día. Un calendario va indicando los días del año. Eso es todo. Divago y me extiendo, y sigue siendo necesaria la distancia que sólo se resuelve en el mar”.

Como en un juego de luces, el fin se define claramente. Escrito está: ”Cuanto más vivida la experiencia, más intensa la impresión”. Y así, como turistas que esperan el sol tras los cristales, entre sonidos estrechos que definen lo que son (y hacia donde se dirigen), el escritor marcha aun más lejos, como el ruido sordo que subyace en la existencia. Pareciera que los enemigos de la memoria regresaran en busca de un compromiso que permanece suspendido. “Los dragones luchan en la pradera”, y cortometrajes como polaroids se encuentran, incendian, echan fuera los demonios. Tal vez por ello el autor sospecha y guarda silencio junto a De Rokha y Huidobro, esperando detrás del último horizonte el momento previo a la mentira y al amanecer.

Frente a la puerta que se abre a medias “hay un solo estrecho por el que deambulan los perros, los gatos y otros animales mudos”. Las imágenes son plenas, exactas. Los poemas recorren las calles, suben por las paredes, traspasan a los hombres que conquistan las avenidas y, como si en ello hubiese un propósito, un destino predeterminado, la muerte inminente nos acoge a todos, alejándonos un poco, solo un poco, de Valparaíso y su otoño sin nombre.

“El amor es un revoloteo sobre un abismo que se aísla” agrega Goycoolea, y con ello nos condena, desde su jardín secreto, ahora público, encantado en el país de las escasas maravillas que todavía existen para un ojo aguzado como el del poeta, donde los colores que parecían indudables, simplemente se han marchado. “Eras el buzo azul de zapatillas North Star, los domingos de supermercado, el último otoño del último año de mi vida”. Goycoolea desnuda todas las postales, las canciones a medias que se cruzan por su camino, cual vigía que en su espera, vuelve la mirada y busca los barcos que desaparecieron o los  recuerdos que decidieron no volver.


San Clemente, diciembre 2017


¡Flash!, Franklin Goycoolea
G0 Ediciones, 2017









4/1/18

Notas a “Apocalipsis Now”, por Eleanor Coppola




 
5 de septiembre, Pagsanjan

A última hora de la tarde estaba en las escaleras principales del templo, con Francis y Marlon. Ellos hablaban sobre Kurtz. Francis le había pedido que volviera a leer El corazón de las tinieblas. Ahora Marlon le decía que su personaje debía parecerse más al Kurtz del libro. Francis le dijo: «Sí, eso es lo que he estado tratando de decirte. ¿No te acuerdas, la primavera pasada, antes de que aceptaras el papel, cuando leíste El corazón de las tinieblas y estuvimos hablando?».

Marlon le contestó: «Te mentí. No lo había leído».



en Notas a Apocalipsis Now: Diario de una filmación, 2002