17/7/17

Poema para tiranos, de Lenore Kandel






Los seres que sienten son incontables.
Prometo iluminarlos a todos.
Primer voto del budismo


Parece que debo amarte incluso a ti
más fácil amar las cosas bonitas
los niños                     las campanillas
más fácil                    (al aumentar la compasión)
amar al desconocido

Fácil incluso darse cuenta (con compasión)
del dolor y del terror implícito en aquellos
que tratan al mundo a su alrededor
con tanta brutalidad             tanto odio

Pero, oh                      yo no soy cristo
bendiciendo a mis verdugos
no soy buda               no soy santa
tampoco poseo esa fuerza incandescente
de la fe iluminada

pero                aún así
eres un ser que siente
y respira este aire
al igual que yo soy un ser que siente
y respira este aire
buscando mi iluminación
debo buscar la tuya

Si poseyera el amor suficiente
si poseyera la fe suficiente
podría quizás, entonces, trascender tu camino
y alterar eso también

Perdóname, pues
no puedo amarte todavía


en Beat Attitude (Antología), 2015








3/7/17

Conclusión, por Bernardo Navia






Hace ya un tiempo que
se me escaparon los versos.
Se marcharon sigilosos
de noche o de día;
por el balcón se descolgaron,
o se fueron con los libros
que olvidé una tarde
en los patios helados
de silencio y de nada
donde juega la muerte
a sus rondas torcidas.

No lo sé. Ya no importa.
Yo estoy bien, muy bien, ¿no lo notas?

Sin embargo tengo a veces,
muy a veces, por cierto,
que apartar de mis hombros
la mirada de ellos,
los que hacen esas sombras
por las calles insomnes;
y los gritos del cielo
por los ángeles muertos;
y los versos obtusos
de inviernos sin fin.
Son ellos que miran,
muy a veces mi vida,
me miran y se ríen
pues saben que sé
que no están.

Pero están.



en Viaje en dos jornadas, 2011






28/6/17

Eternidad, por Armando Rubio







Un tiempo mi padre
olía a tabaco,
y en sus mejillas curtidas
de oficios ajenos,
había un no sé qué
de silenciosa experiencia.

Olía a tabaco mi padre,
y yo, con mi leche y mis sopas
me encaramaba en sus brazos,
muy alto,
con la risa.

Su cabeza,
una copa desierta,
nido de pájaros
negro y revuelto;
mi mano hurgaba,
y de vez en cuando
una cana solitaria despegándose
ante la risa atenta de mi padre.



en Poesía completa, 2015

Retrato de Raimundo Rubio Huidobro, la dedicatoria dice:
“A mi amado hermano Armando, que yace en el lugar de los sueños”,
23/12/1980






21/6/17

Cherry blossom, por Clemente Riedemann






a Nelson Schwenke y Marcelo Nilo


Junto a los muelles parece de aluminio el Potomac.
El capitolio florece al fondo de una bruma azul.

Las luces de los aviones no cesan en su fulgor,
iluminando los camarones en nuestros platos.

Mejor que nunca es el vino cuando se bebe
entre amigos que cantan. Cuando el alma está
en paz i el corazón late sin prisa, porque el trabajo
está bien hecho.

Como barcos de otra época, amarrados en los muelles
de las afueras del universo, nos sentimos.

Ni jóvenes ni viejos, no hay expectativas,
ni sobreviven las dudas: sagrados i jubilosos son los días.

Es nuestro karma encontrar la felicidad
a orillas de un río.



en Una casa junto al río (Antología, Descontexto Editores), 2016

(Originalmente en Wekufe en NY, 1995)







13/6/17

Trotsky v/s Lukács, por Mario Spachiaro






...Lukács, desmintiéndose él mismo sin fin, ha hecho ver con una nitidez caricatural a qué se había exactamente identificado: a lo contrario de sí mismo.
Guy Debord


Beben, fuman, leen versos;
ensayan antiguos boleros,
caricatura y baile entrometido.

Recorren las calles del puerto
tomados del brazo como dos marinos infames;
como dos putas dialécticas
suben, bajan escaleras,
y en los rellanos manosean sus
despóticas inquisiciones.

Bajan, ya ebrios, al Cinzano:
gritan a Pessoa sobre los tejados,
a punto de caer.

Compran más botellas
que descorchan rumbo al molo,
agitando sus pañuelos
hacia alguna incauta que se cuelga de los hombros.

Un abrazo mal parido,
una palma,
un roce,
piel reseca
y un asible movimiento
que intenta pasar inadvertido.



en El arte del alcohol, 1999






9/6/17

Conquista, por Juan Carlos Miranda






a. C.


Calisto
fue el niño
que escapó del frío

hoy conquistó
su cuerpo de granizo
en la insolación de la membrana

descansa
cubierto de hierba oscura.



en Las cuatro estaciones del frío, 2009






31/5/17

¡PÁN!, por Raimond Ceos











La aptitud críptica 
su construir poético
su humor amoroso                                                                                                                             grita

Tal arte desmantelado
amatoria incompleta
infinitud de lengua
hipo y táctica                                                                                                                                      letra

Naufragio exquisito
directo al grano
claro y precisa                                                                                                                                   agua

Inverosímil paisaje 
imbricada lengua
tensiona da cuenta 
de aquella indecible                                                                                                                       hambre

Añora describir
mesetas múltiples horizontes 
distancia justa                                                                                                                                 harina

Osar (tiempo: lectura)
un lector querrá
-cómo resistir-                                                                                                                                 fuego


                                     ¡PÁN!



Inédito, 2017






9/5/17

No creo en la vía pacífica, por Nicanor Parra






no creo en la vía violenta
me gustaría creer
en algo –pero no creo
creer es creer en Dios
lo único que yo hago
es encogerme de hombros
perdónenme la franqueza
no creo ni en la Vía Láctea



en Emergency Poems, 1972







4/5/17

Zona de fumar, por Carmen Villoro






El cigarro es la soledad
que uno elige.
César Luis Menotti


Miro a esas mujeres que fuman sus cigarros
como si hicieran el amor.
Una de ellas desprende la cintilla de celofán
con la gravedad de quien desabrocha un cinturón
o desanuda una corbata.
Otra acaricia con tres dedos la lisura blanca
anticipando un fuego conocido,
queriendo retrasarlo.
Hay la que lo detiene con los labios
disfrutando su peso,
su seca desnudez
y después lo humedece para volverlo propio.
La primera lo absorbe hasta el abismo,
se hace un poco de daño
para sentir que existe.
La segunda lo mira iluminarse
y consume en secreto sus recuerdos.
La tercera sacude la ceniza,
mira el humo
como quien se despide en una calle solitaria.
Una lo apaga con pequeños golpes,
sabe de espasmos.
Otra lo tira al piso, lo tritura
y esa violencia la desquicia suavemente.
La tercera lo deja consumirse
porque no le gusta apresurar ningún desprendimiento.
Parece que platican,
desayunan en este restorán,
piden la cuenta, así, como si nada.
Pero sus cuerpos habitan en otra realidad,
sus almas vibran,
su soledad salvaje las denuncia.



en Marcador final, 2002






27/4/17

Arranco todas las flores de mi cuerpo, por Aleyda Quevedo Rojas






(Arranco todas las flores de mi cuerpo)
para ofrecértelas, Señor.
Allá voy, mas desnuda sin las diminutas flores
del torso, más desvestida que nunca
sin las dalias que crecían en mi espalda.
Voy saltando las piedras ciegas de la desdicha
y el viento me ayuda a alcanzar la arena.
Señor de las Angustias, todopoderoso mío,
me despojo incluso de la flor pasionaria
y de la corona de heliconias que adorna mi pubis.
Desnudísima, para entregarme a ti,
sin los lirios de la nuca o los girasoles de las nalgas,
pulcra, tal vez insondable isla de misterios.
Y no más rosas, ni margaritas, ni violetas
encandiladas en mis senos.
Limpia estoy, vuelta promesa.
Brillante y sola para entregarme a ti
sin las astromelias del sexo,
sin la flor azul del corazón.



en Antología de la poesía ecuatoriana: línea imaginaria, 2015






19/4/17

Fantasmas, por Draupadí de Mora






vengo de donde los que no somos hombres /
aún se refugian / en fantasmas sin fantasma
de donde aún se necesita el refugio
para la falta de sueño y el ojo seco
de donde se destapan cervezas verdes
al volver sobre el viejo positivismo
todavía envuelto en su suave polvo

vengo pero no llego sino que vengo vengo y vengo
y mi venganza es tan sin blanco tan silenciosa
como el vacío de una pierna amputada
invisible /
como los fantasmas que nos acogen en sus brazos
vanamente felices



en Lo merecemos todo
(Mantra Edixxiones), 2017






30/3/17

Leve canción, por Pedro Lastra






Mientras espero tu llegada
las aves sobrevuelan el jardín silencioso:
ellas también te esperan,
con sus alas dibujan tu figura
y te veo venir por un claro del bosque
junto al agua real
encantada por pájaros más veloces que el sueño.



en Poesía completa, 2016