11/8/20

Boca Budi, por Carlos Almonte





El mundo ha vuelto a emitir sufragios consagrados, Interstellar overdrive, chirría la inspección, décimo tercer piso, vista hermosa, Boca Budi. Me reviso frente a espejos e ilusiones, reaparezco, anoto, significo. Nadie viene, nadie está sentado junto al cactus de la cima. Y en el mar desaparecen las embarcaciones. Alicia me contrae sobre el piso luego de beber el vino de la paz; así lo llama ella. Caminamos por la arena reuniendo caracoles y piedras de color indefinible, o sin color. El agua ya te llega a las rodillas, me regaña. No hay por qué, le digo en el momento de partir. Observo mi reflejo y deduzco que podría haber estado meses frente al vidrio. Me callo, me alejo, grito, nadie viene. Estoy solo y grito nuevamente. Nadie viene. Me recuesto y mis brazos alcanzan a rozarla. Es otro recuerdo, la televisión está encendida.



en Alicia en la carretera, 2018

Pintura: Theodor Kittelsen










5/8/20

No es un Diario, pero se le parece..., por Bernardo Navia






Sobre Diario de la peste, de Manuel Illanes

En su Diario de la peste (Santiago de Chile: G0 Ediciones, 2019), Manuel Illanes, poeta y editor chileno radicado en Ciudad de México, logra embarcar al lector en una travesía (a veces caótica, a veces oscura y/o enigmática; desesperada o casi tierna) que navega por las inquietas y nunca satisfechas aguas de una nostalgia crónica, que marca un derrotero de una pluma que lleva al poeta a jugar con las imágenes, con el vocabulario, con las referencias a términos budistas, a nombres de lugares antiguos y de entidades; que lo lleva a invocar poetas, y escritores clásicos; y también lo lleva a jugar, a fascinar casi, con el lenguaje. De hecho, desde el comienzo mismo se enfrenta el lector a esta instancia; pues aparece aquí un prólogo que “no es un prólogo, pero lo parece”; y además el que su título esté escrito en inglés, Station to station, anuncia que lo que vendrá se trata de un viaje; o, como ya se ha indicado, de  una travesía por la nostalgia, por una búsqueda (o reencuentro) con algo (o alguien) que se desplazará de estación a estación. Llámense estas como se llamen: Olvido, Dolor, Lejanía, Amor, Cuestionamiento, México D.F. (“Tenochtitlán”), Santiago de Chile… “Here are we, one magical moment, such is the stuff (...) Here am I, flashing no color”.

El libro está dividido en dos partes, Diario de la peste y Ciudad Lumpen. En la primera desfilan por sus versos imágenes, alusiones y referencias directas a esos verdaderos huecos por los que se escapan la dignidad y la humanidad del habitante urbano moderno: el hambre, la pobreza, las drogas, la prostitución, la ignorancia, la violencia… De ahí, el título del poema “Samsa en la cloaca”. Lo que se extrae de la lectura es que los habitantes de esta ‘Gran Tenochtitlán’ (es decir, a esta altura del juego y por extensión lógica, a todos los latinoamericanos) estamos medio acostumbrados (o resignados) a vivir y convivir en el caos permanente. No es baladí notar que esta instancia —común— a todos se denuncia desde una tierra que no es la tierra natal del poeta.

Es la denuncia de una peste ya hecha pandemia, pues está presente en todos lados, en Occidente, en Chile, en las calles de Santiago: Recoleta, Independencia… En las calles de Ciudad de México. Es un texto que deambula, denuncia y critica, en especial un sistema político que, sin llegar a nombrársele en el texto, podríamos los lectores llamar neoliberal.

La segunda parte insiste en la postura del poeta: hacer un llamado o realizar una búsqueda por una respuesta que, tal vez, nunca se halle. Porque, tal vez, no existe, que el mundo entero convive con el caos permanente. De modo que esta segunda parte también teje un texto que se desplaza de estación a estación, sin proponer soluciones definitivas. Radica en eso parte de su honestidad.

De modo que bien podría señalarse que este poemario tiene dos ejes temáticos que funcionan y distribuyen su contenido en función del otro. Uno es lo político, y otro es la pandemia (o peste), que funciona como metáfora del primero.

No se presenta soluciones (¿existen realmente?); solo se navega; y, si alguna vez hubo un intento de solucionar, de allanar la existencia lumpen (constantemente aludida, por ejemplo, por los títulos “Al fondo de cada casa soñada, una cabeza sangrante”, “Espejismos”, “Espectros de Marx”, etc.), tal como lo sugiere el último poema de la primera parte, Diario de la peste. (“Allende ha muerto”), esa iniciativa es, sencillamente, imposible de llevar a cabo.

La lectura de este texto, interesante y de inquietante actualidad, de Manuel Illanes, invita a la reflexión, a considerar la realidad caótica y esperanzada, al mismo tiempo, de la realidad urbana, social, espiritual y moral de la modernidad. Es, en definitiva, una invitación a entregarse al embrujo antiguo (pero no por eso menos válido) de sentir nostalgia por lo que jamás llegó a ocurrir.



Bernardo Navia
PhD in Literature
Illinois University, Chicago
20 de julio de 2020











29/7/20

Moscas en la mierda, por Frank Stanford






A los caballeros del sur   
a los turistas del norte
que escriben poemas acerca del sur   
a los estudiantes estúpidos
Me gustaría hacerles una pésima pregunta
Han visto alguna vez una regata de moscas
Navegar alrededor de un montón de mierda
y luego regresar y hacer un picnic en la mierda
Solo una vez en la vida han oído
a las moscas sobre la mierda
porque me corté los colmillos con moscas
flotando en la mierda



en What About This: Collected Poems of Frank Stanford, 2015
Traducción de Carlos Almonte



Flies on Shit
To the gentlemen from the south / to the tourists from the north / who write poems about the south / to the dumb-ass students / I’d like to ask one lousy question / have you ever seen a regatta of flies / sail around a pile of shit / and then come back and picnic on the shit / just once in your life have you heard / flies on shit / because I cut my eye teeth on flies / floating in shit











2/7/20

Yo y sólo yo cerca del bosque, por Héctor Monsalve






Yo y sólo yo cerca del bosque.

Así,
en otra cosa,
sereno.

Miro el sol entre los árboles.

Yo
y sólo yo
de pie.



en Yo, Héctor, 2016











29/6/20

Entonces (Sobre Diario de la peste, de Manuel Illanes), por Martín Cinzano






“Ciudad Lumpen es una versión cada vez más refinada del infierno”; Diario de la peste, a su vez, es una versión cada vez más refinada de Ciudad Lumpen.

El refinamiento tiene en las dos partes de este libro un sentido tentativamente contrario al usual; se trataría de alcanzar una elocuente depuración rastreando impurezas que obligan al poema a vindicar palabras en desuso junto a referentes culturales algo más recientes. ¿Quién habla hoy de “denarios”, “trirreme”, “nébulas”, “címbalos”, “mesnadas”, “hado”? Es uno de los efectos interesantes, tanto de Diario de la peste como de buena parte del trabajo poético de Manuel Illanes: jugar con una transposición lingüística para saltar del anacronismo a la actualidad más descarnada.

Recuperar una o varias tradiciones literarias no se traduce únicamente en ubicar ciertos puntos en el mapa de la poesía mundial para luego hacer o deshacer escrituras; el valor político de tal elección —una de las pocas, hoy, con ese valor— implica también cuestionar el estado normalizado de una lengua literaria en supuesta sintonía con el presente. Se diría que la crudeza de las imágenes de Illanes, en lugar de atizarse (por ejemplo) en el coloquialismo o en la referencia directa, se enardece aún más con una lengua procaz venida de tan lejos como la ruina de la que son fruto y causa.

Aquí están sus poemas santiaguinos, podría decirse; poemas en verso y en prosa hundidos en una de las sedes (todavía) más desastrosas de Capital. El poema (en prosa) que da título al libro —subtitulado “(Allende ha muerto)”— presentaría la bitácora enardecida de un 12 de septiembre de 1973, ese día después continuamente perpetuado, grabado (a fuego) en cada elemento del futuro espacio corroído de Ciudad Lumpen. Voces de inmigrantes, ruinas exteriores e interiores, “materias desbocadas”, un manual para fabricar bombas molotov: “la omnipotencia del chacal”, “la cabeza de Anubis” vive y se regenera entre ellos.

¿El poema también? ¿El poema, ese “pez” “que desciende huidizo / por el arroyo del tiempo”, tal cual se lee en una suerte de arte poética de Diario de la peste (incluido también en Paraíso Inc.)? El poema se desplaza pero junto a él se advierte la figura difusa de alguien que ha indagado en lecturas y músicas inconvenientes y que mientras escribe y alza la vista en una playa del litoral central se encuentra aún, en cierto modo, ahí: a la espera de hacerse fuerte en inviernos de sangre, “cuando la mierda acumulada por tanto tiempo en esta franja de tierra seca y sufriente estalle derribando los muros”.

          Cortesanas, escribas, inválidos, pederastas, ladrones, solitarios gobernantes, toda esa corte que come y gime y caga sentada en la mesa de Cristo Redentor arderá en las llamas de aquelarre de los famélicos entonces.



          Entonces.

A primera vista, Diario de la peste explora sin descanso entre los fragmentos ruinosos de una desesperanza inconmovible. A segunda vista, también. En ese tono, las voces de Ovidio, Rimbaud, Kafka, William Burroughs y Malcolm Lowry pasan aquí revista al ejército de neochilenos terribles, atrapados aún entre los epítetos del desgarro. Y por qué no: del odio, ese potente —ya lo hemos visto— sentimiento revolucionario.



México D. F., mayo 2020











11/6/20

De campamento, por Nora May French




         
          I.
Al alba me inclino con ansiosos labios
Por sobre las piedras y los frescos berros
La carpa amarilla, la pequeña luna
Encontré dentro de mi charco de ocaso.
Los árboles recortados, la luna flotante,
La carpa burbuja... Los pasé
Y sorbí una pequeña estrella, destrozada.
Sorbí un profundo trago de aquel espejado cielo.


          II.
Mi carpa está sombreada día y noche
Con hojas que varían en la luna y en el sol
A través de sus paredes blancas y radiantes
Los encantadores y variados rastreos avanzan;
Y negros y esbeltos, se mueven veloces,
Miro los pequeños pies al amanecer
Un repentino oriol desde lo alto,
Un pardillo veloz que viene y se va.



en Poems, 2016
Traducción de Carlos Almonte



In camp
I. As down I bent with eager lips / Above the stones and cresses cool / The yellow tent, the little moon, / I found within my twilight pool. / The fringing trees, the floating moon, / The bubble tent—I passed them by, / And sipped a tiny, shattered star, / Deep drinking from that mirrored sky. // II. My tent is shadowed day and night / With leaves that shift in moon and sun; / Across its walls of lucent white / The lovely varied tracings run; / And black and slender, quickly sped, / I watch the little feet at dawn / A sudden oriole overhead, / A darting linnet come and gone.










28/5/20

Strike first, strike hard, no mercy: sobre DIARIO DE LA PESTE de Manuel Illanes, por Edgardo Mantra






Anoche, vi completas las temporadas uno y dos de Cobra Kai. Construyo entre recuerdos y referencias lo siguiente: ¿Qué parentesco hay entre el Sr. Miyagi y Manuel Illanes? Supongo, asumo: la experiencia. Ambos son héroes de distintas guerras. Pero guerras finalmente. Y sobreviven de maneras extrañas, fuera de su país.

Primera parte: nosotros usamos el karate solo para defendernos o para defender a otros. Nunca lo usamos para atacar. Diario de la peste (G0 Ediciones, 2019, Chile) nos brinda un Manuel Illanes pasajero, sin boleto, ilegal, retinal, transitando las calles de Ciudad Lumpen. Y aquí surge lo que considero es el eje constitutivo del libro: el paisaje recorrido. De exploración. Contemplativo, heroico y frustrado. Pero no frustrado a causa de un espíritu de desánimo por el autor. Sino frustrado por la realidad. Cualquiera que lo lea, encontrará la madurez recrudecida, de lecturas, escritura, un cuerpo enfermo con el peso de años encima, de vivencias en varias capas del inframundo. Los días como artista del hambre:

1) Tarot de la carretera (viajero)
2) Crónica de Tollan (místico)
3) Memorias del inframundo (violento)
4) Paraíso Inc. (migrante)
5) Diario de la peste (cruel)

Ya sea como concepto de revolución o samsa en la cloaca el paisaje sigue siendo la misma ruina. Diario de la peste pone al descubierto la desigualdad, las voces fantasmales que provienen de un mal recuerdo, la muerte en vida. Brincos del chile habanero al rocoto. Donde lo restos de un gran buffet que parecen referentes absurdos, son los parajes cartográficos y punto de fuga que relatan el éxodo y el reconocimiento en la megalópolis. Ciudad Lumpen (parte II del libro y sección en prosa) es evidentemente Santiago. Cualquiera que tenga una relación con una gran ciudad, puede sentirse identificado. El libro es unidireccional en este sentido, es cosmopolita, maneja una asimilación de la violencia global “particular, la del margen, la de los derrotados”:

I) Diario de la peste es una introducción a un multiverso.
II) Ciudad Lumpen es una descripción del páramo al que hemos sido arrimados (a propósito de una construcción en ruinas, caminatas arqueológicas e insolación).

Segunda parte y a manera de conglomerado: Dicen que la poesía y sus trabajadores terribles mantienen una llama viva en el hígado de Prometeo. | El limbo es un buen lugar para zánganos como nosotros / pero yo no veo piedra alguna a mitad del verso. | Veo, caminos de tierra. | Hoy es más barato estar muerto que vivo. | Eso dicen, eso dicen:

Los caminos que se divisan en el universo illanesco, la mitología: Bodhisattva, Cristo, Anubis, Mictlantecutli. Los referentes: Rimbaud, Eliot, Berryman, Burroughs. El perpetuo migrante: los chilenos, haitianos, centroamericanos, nosotros. Y una pregunta realista: ¿Por qué Diario de la peste no es una antología? Respondo: y aunque los puertos que conducen a la ciudad se cierren, habremos rozado la última noche de la salida del laberinto, el inicio de la senda que mantiene oculto nuestros días.

Tercera parte y conclusión: la manera en la que Manuel Illanes embellece el entorno, puede ser desoladora: una bomba molotov, las instrucciones para reventarle la cabeza a... LA REALIDAD. Y hay que estar preparados.

En un sentido estrictamente anticipatorio, las reglas de Cobra Kai, no resultan antagónicas a sus textos. Incluso, son un insumo de primera necesidad:

1) STRIKE FIRST
2) STRIKE HARD
3) NO MERCY



en La Real Escrúpulos Magazine, 26 de abril de 2020











11/5/20

Receta para la felicidad en Jabárovsk o en cualquier lugar, por Lawrence Ferlinghetti





Una gran avenida con árboles
Con una espléndida cafetería al sol
y café negro fuerte en tazas muy pequeñas

No es necesariamente tan hermoso
El hombre o la mujer que te ama

Un agradable día



en Endless life: Selected Poems, 1981
Traducción: Carlos Almonte

Fotografía: Lawrence Ferlinghetti durante una lectura (San Francisco, 1957)



Recipe for Happiness in Khabarovsk or Anyplace
One grand boulevard with trees / with one grand café in sun / with strong black coffee in very small cups // One not necessarily very beautiful / man or woman who loves you // One fine day










15/4/20

Éxtasis, por Gabriela Mistral






Ahora, Cristo, bájame los párpados,
pon en la boca escarcha,
que están de sobra ya todas las horas
y fueron dichas todas las palabras.

Me miro, nos miramos en silencio
mucho tiempo, clavadas,
como en la muerte, las pupilas. Todo
el estupor que blanquea las caras
en la agonía, albeaba nuestros rostros.
¡Tras de ese instante, ya no resta nada!

Me habló convulsamente;
le hablé, rotas, cortadas
de plenitud, tribulación y angustia,
las confusas palabras.
Le hablé de su destino y mi destino,
amasijo fatal de sangre y lágrimas.

Después de esto ¡lo sé!, ¡no queda nada!
¡Nada! Ningún perfume que no sea
diluido al rodar sobre mi cara.

Mi oído está cerrado,
mi boca está sellada.
¡Qué va a tener razón de ser ahora
para mis ojos en la tierra pálida!
¡Ni las rosas sangrientas,
ni las nieves calladas!

Por eso es que te pido,
Cristo, al que no clamé de hambre angustiada:
ahora, para mis pulsos,
y mis párpados baja.

Defiéndeme del viento,
la carne en que rodaron sus palabras;
librame de la luz brutal del día
que ya viene, esta imagen.
Recíbeme, voy plena,
tan plena voy como tierra inundada.



en Desolación, 1922











9/4/20

Conciencia, por David Lynch






A través de la meditación se capta lo ilimitado.
Que lo ilimitado es feliz.
Que no hay felicidad en lo pequeño.
Upanishads


Los peces pequeños nadan en la superficie, pero los grandes se esconden mucho más abajo. Si logras expandir el contenedor en el que pescas —tu conciencia—, puedes pescar peces mayores.

Funciona así: dentro de todo ser humano hay un océano de conciencia vibrante, pura. En la meditación trascendental, cuando «trasciendes» te zambulles en ese océano de conciencia pura. Chapoteas en él... Y es la gloria; una gloria que te hace vibrar. Experimentar la conciencia pura la estimula, la expande. Empieza a desplegarse y crecer.

Si tienes la conciencia del tamaño de una pelota de golf, cuando leas un libro, lo que entiendas de él tendrá el tamaño de una pelota de golf; cuando mires por la ventana, lo que captes será como una pelota de golf; cuando te despiertes por la mañana, tendrás una vigilia como una pelota de golf; y a lo largo del día, una felicidad interior del tamaño de una pelota de golf.

Pero si logras expandir la conciencia, hacerla crecer, al leer el libro, lo entenderás más; al mirar por la ventana, verás más; al despertarte, tu vigilia será mayor, así como tu felicidad interior a lo largo del día.

Podrás pescar ideas a un nivel más profundo y la creatividad fluirá. La vida se parecerá más a un juego fantástico.



en Atrapa el pez dorado, 2008











6/4/20

Traducir la idea, por David Lynch






Para mí, cada película, cada proyecto, es un experimento. ¿Cómo se traduce esa idea? ¿Cómo la traduces de manera que pase de idea a película o a silla? Se te ocurre una idea y la ves, la oyes, la sientes, la sabes. Pero pongamos, por ejemplo, que empiezas a tallar un trozo de madera y, a pesar de los esfuerzos, no te queda bien. Eso te da que pensar, te sirve de punto de partida. Actúas y reaccionas. De modo que conseguir que todo quede correcto se convierte en una especie de experimento.

Cuando meditas, ese flujo se incrementa. La acción y la reacción se aceleran. Tomas una idea de aquí y luego otra de otro sitio. Es como un baile improvisado. Vas muy rápido, a toda vela.

Y no es fingido; no es uno de esos programas para sentirse bien en los que te dicen: «Detente a oler las rosas y tu vida mejorará». Viene de dentro. Tiene que nacer de lo más profundo e ir creciendo cada vez más. Hasta que las cosas cambian de verdad.
 
Así que trasciende, experimenta el Yo —la conciencia pura— y observa lo que ocurre.



en Atrapa el pez dorado, 2008











3/4/20

Eraserhead, por David Lynch






Eraserhead es mi película más espiritual. Nadie me entiende cuando lo digo, pero así es.

Eraserhead iba desarrollándose por un camino, y yo no sabía lo que significaba. Buscaba una clave que desentrañara el significado de las secuencias. Por supuesto, la entendía en parte, pero no comprendía lo que le daba coherencia. Me estaba costando mucho. De modo que saqué la Biblia y me puse a leer. Y un día leí una frase. Y cerré la Biblia, porque ya estaba; ya estaba. Y entonces la vi como un todo. Y plasmó la visión que yo tenía, cien por ciento.

Creo que nunca diré qué frase fue.



en Atrapa el pez dorado, 2008











25/3/20

Frente a cada peligro, una tabla de salvación, por Juvencio Valle





Agárrate como un náufrago desesperado
a los propicios tallos que a tu paso se tienden;
a los cables del cielo agárrate con el alma;
huele bien la materia, haz tus invocaciones;
examina por el revés las piedras inmutables,
escucha arrodillado la voz de las profundidades;
desentraña, lupa en mano, la enigmática lengua
del gusano de luz, observa con ojo sabio
si el ramaje de los alrededores sigue indemne.

Examina si los primeros brotes del roble
han sido o no mordidos por el venado;
si arriba el canto de las aves es estable,
si el fugaz pasajero cortó las topa-topas,
si su planta holló la or de la mañana.

No eches en olvido que un solo paso tuyo
dado fuera de órbita en ese despeñadero
(dédalo inexplorado, sin comienzo ni término)
podría trastrocar el curso de tu destino.
Antes que nada cuida de tu propio pellejo
y avanza con discreta cautela en ese trance.

Escucha con atención el canto del chucao
y ten presente de qué lado viene el augurio;
no olvides que estás en el justo término
de la vida o la muerte; de pie en ese límite
en que la fortuna puede hacérsete presente
en forma de anillo auroral o sésamo ábrete,
o bien —y por designios inexorables y lejanos—
venírsete toda encima la desgracia.

Y si en vez del sorpresivo canto del chucao
oyes a lo lejos el cuerno del indio solitario,
recula un tanto, amigo, aguza bien la oreja
y pon tu desamparado corazón en guardia.
El no olvida la pica ni el arcabuz guerrero;
Él no olvida a la legión de sus antepasados
asesinados por aventureros sedientos de oro,
bandoleros sin alma y de tu propia estirpe.



en El viejo lenguaje de las hojas, 2019
Antología Descontexto Editores