martes 7 de julio de 2009

Una extensa pradera blanca, por Aciro Luménics







Bajo el avatar siniestro de un correcto trazo, una imagen plástica reniega de su espíritu. Calma y entroniza, falsa y encubierta, tiende trampas rumbo al horizonte. Observa el artefacto mientras vuela, viene, acercándose a velocidad mayúscula y cambiando levemente de sentido. La cabeza se transforma en resonancia estrecha. Se vacía el centro del lenguaje, se congela. Vierte la carcoma sobre el vidrio espeso. Enciende el humo de las velas y la música se pierde en la distancia. Nada importa, ni siquiera el asco de otro venerable adorador de santidades, purgas y encomiables. El om, el absoluto, chillan las paredes, se adormece el baile continuado en la trastienda. Reaparece el sol envuelto en sedas negras. La luna ya se ha ido y nos quedamos atrapados bajo el suave polvo de alquitrán, inmóviles, reflejando cada uno su adicción, su propio lastre, su vehículo sagrado al centro, origen y final.





en Seis mil relatos de ficción absurda, 1961










miércoles 1 de julio de 2009

Simultán de Crespí, por Ramón ce






Se habría de marchar a la misma hora señalada para que entrara al cienatógrafo.
Una copa de vino en una mano... en la otra un as de espadas
ahora que me lo preguntan me es imposible reconocer sutiles divergencias entre el espacio que la rodea y contiene y el espacio donde ya no está donde algo llora su presencia y se extraña
cientocincuenta años de la muerte de conandoyle
verdadera naturaleza del investigador novelesco
Hoy suplantado por un doctor cojo que nace a medio camino de la vida
innegable: todas las historias son historia antigua tantas veces contadas
tantas veces susurradas en el lóbulo besuqueado de los amantes.

Se habría de marchar, pero no sin reconocerla en las copas de los árboles y en los instantes perfectos de manchones azules entre los cielos nublados, dejando eco de sus maullidos y de su cuerpo construido en base a artes marciales, tango y filosofía. Ante esta urgencia folletinesca de repetición infinita e inmediatez del todo presente en todo, con la imagen de su espalda y su sombra recortadas sobre una pared blanca en reñaca, la recuerdo como alejandro dumas -hijo- recordaría a escasos años de su muerte a su última amante escandalosamente menor y escandalosamente crespa.

Caminó rauda por el lado del suicida
abrigo blanco, vestido canario, labios gruesos,
sólo para esperarle en el departamento abandonado y dejarse violar
o forzar la violación,
gato baribieri atronando en las ventanas que sospechaban felaciones
eso hace décadas.

En las sombras de la noche un tatuaje en su hombro izquierdo, como un lunar lunar la delató criminal extranjera, para siempre señalada, obligada a entregarse entre nocturnas tinieblas protectoras, obligada a espiar para patrones cardenalicios. Pero ante la certeza de su caminata en el borde de una navaja cubierta de miel disfrazó sus encantos tras una máscara y una espada y se lanzó a los países del norte con un trabuco y la decisión de mil soles.









miércoles 24 de junio de 2009

Práctica ininterrumpida, por Eihei Dogen






No creáis que este silencio es inútil y vacuo. Entrar en el monasterio y hacer zazen en silencio y salir del monasterio y andar por ahí son ambas cosas la forma de la práctica continua del monasterio. Esta práctica continua […] es el dominio de la libertad de condiciones de la misma forma que el cielo es libre de las huellas de las aves que vuelan; es el reino en que uno se funde con el universo […]
No perdáis el tiempo necesario para practicar, practicad en cambio con el ánimo de quien intenta apagar una llama del cabello. No os quedéis sentados esperando la iluminación, pues la gran iluminación ha de encontrarse en las actividades cotidianas como comer o tomar té […] La persona que vive en su viejo hogar debe abandonarlo; la persona que tiene pensamientos y deseos debe librarse de ellos. La persona famosa debe abandonar la fama y la persona que posee bienes materiales debe deshacerse de ellos. La persona que posee campos y huertos debe deshacerse de ellos, y la persona que tiene familia debe dejarla. Debéis renunciar a todo aunque no lo poseáis. Ha de quedar claro en este tema el principio de libraros del todo, tanto si lo poseéis como si no. Que es la continua práctica de liberarse de todo, sea lo que sea […]
Esta vida de un día es una vida para regocijarse. Debido a ello, aunque viváis sólo un día, si podéis despertar a la verdad, ese único día es inmensamente superior a una vida eterna […] Si perdierais este único día en una existencia de cien años, ¿lo recuperaríais?









lunes 15 de junio de 2009

Una Lectura, por Al Swafí





El lector dejó el libro al caer la tarde. Cuidadosamente lo envolvió en una tela blanca y lo guardó en un cofre bajo el banco. Esperó al imán con su alfombra extendida y la vista fija en lo alto de la mezquita. Las nubes formaron casi imperceptibles una letra en el cielo recortado por la luna creciente que adornaba la cúpula de bronce. Un faquir se le acercó para preguntarle qué letra era esa, qué estaba diciendo el cielo. Entonces apareció el imán y con su canto de oración se disolvió la nube y toda la ciudad se inclinó al unísono para rendir culto a dios con postraciones y rezos. Al terminar la oración el faquir ya no estaba y la respuesta del lector volvió a quedar guardada en el libro envuelto cuidadosamente en una tela blanca que estaba dentro de un cofre bajo el banco donde durante más de treinta años el lector habría de repetir una y otra vez las palabras sagradas del profeta.










domingo 7 de junio de 2009

Nadie cuenta su historia a William Blake






¿Nadie? Um, ¿no deberías estar con tu propia tribu o algo?

Mi sangre es mezcla. Mi madre era Ohm gaphi phi gu ni. Mi padre es Abso luka. Esta mezcla no fue respetada. Siendo un niño pequeño, a menudo me dejaban solo. Por lo que pasé muchos meses acechando a la gente uapiti... para probar que pronto me volvería un buen cazador. Un día, finalmente, mis parientes uapiti se apiadaron de mí, y un joven uapiti dio su vida por mí. Sólo con mi cuchillo, tomé su vida. Mientras me aprestaba a cortar la carne, vinieron hombres blancos sobre mí. Eran soldados ingleses. Corté a uno con mi cuchillo, pero me golpearon en la cabeza con un rifle. Todo se volvió negro. Mi espíritu pareció abandonarme. -(nnnn)– Entonces me llevaron al este... en una jaula. Me llevaron a Toronto, después Philadelphia.... y después a New York. Y cada vez que llegaba a otra ciudad, de algún modo el hombre blanco se había movido... toda su gente estaba ahí antes que yo. Cada nueva ciudad contenía la misma gente blanca que la anterior, y yo no podía entender cómo una ciudad entera de gente.... podía moverse tan rápido.

Eventualmente, fui llevado en un barco... Cruzando el gran mar... a Inglaterra, y fui hecho desfilar ante ellos... como un animal capturado, una exhibición. Por tanto les remedé, imitando sus maneras, esperando que tal vez fueran a perder su interés en este “joven salvaje”, pero su interés sólo creció. Los estaba copiando, así que me pusieron en las escuelas del hombre blanco. Fue ahí que descubrí... en un libro... las palabras que tú, William Blake, habías escrito. Eran palabras poderosas, y me hablaron.

Pero hice cuidadosos planes, y eventualmente escapé. Una vez más, crucé el gran océano. Vi muchas cosas tristes... mientras hice mi camino de vuelta a las tierras de mi gente. Una vez que ellos se dieron cuenta de quién era, las historias de mis aventuras les enojaron. Me llamaron mentiroso. “Exaybachay”. Aquel Que Habla Fuerte, Diciendo Nada. Me ridiculizaron. Mi propia gente. Y fui dejado para vagar por la tierra... solo.

Yo soy Nadie.









lunes 1 de junio de 2009

Grand finale, por Juan Carlos Basualto




a g.v.


don't be shy you learn to fly
and see the sun when day is done
nick drake



Se fue con la primera luz del mediodía. No cantaban ya los pájaros,
más que un ritual pagano que acechaba desde aquella cima.
Se fueron, junto a ella, las noches invernales, de otro tiempo,
sin el frío que revela esa nostalgia absurda
de creer una vez más.


Se fue sin pronunciar más que un frío adiós.
Con sus manos desbocadas
señalando hacia el oeste, manos impregnadas de noble arena
del desierto. Ya no entona más que una tonada
de melodía indecorosa, inversa.
Es la huella tras sus pasos sin regreso.


Se alejó por el camino en donde se alzan cuervos, saetas
y otras infernales fantasías. Más que lodo sobre el vientre, más que
un demencial vacío que penetra en los rincones del recuerdo
y esa imagen que llegó a ser cierta,
desprovista de razones de otra piel.


Se ocultó en el bosque, bajo enormes ramas de insufrible hielo.
Las manos juntas, las rodillas inclinadas. Las palabras que se funden,
alejándose, alabándose, olvidándose, atrapándose, enredándose
en la frágil comunión de un ser transido,
fundido en la visión distante.


Se durmió, quizás, convencida en el sudor negro que desciende
por su frente. Se acostó entre helechos, cantos y un murmullo débil,
inconstante, que rozó de lejos su intranquila fiebre,
su orgullo obseso, su inexactitud,
su inconexa lealtad, su premura, su ficción.


Ya no es hora,
de este adverso límite, o deseo. Ya el temblor se aparta
con un vago desconsuelo,
acaso el pago de sentir la herida, el surco, la inacción.


Se acabó la siembra, la tierra es devastada,
el temporal, la incertidumbre.
Se acabó la estrecha isla, la ebria noche, el viaje sin motivo, el cabo.
Se acabó la sala, el pensamiento, el logos inmanente, el perro.
Se acabó el árbol, la persona, la significancia, el libro.


Y así la noche, y así la madrugada, y así el vino que adormece
en el sepulcro, cuando el viento ya no cae
y el adiós resalta entre la lluvia.
Así el descenso entre escaleras, fuegos y desastres.
Así la cumbre, me recibe y pierde en la neblina.


Así me duermo, finalmente,
lejos de ella,
epigonal, extravagante;
entre puntos invisibles, comas aparentes y finales sin sentido.






Pintura: Railroad sunset, Edward Hopper, 1929










lunes 25 de mayo de 2009

Traigan vino que copas sobran, por Juan Sebastián Oyarzún






Desteñido el sabor del ron por los vaivenes del altamar, navegando en nubes encontré los hielos, libre caída se hizo evidente pues el trago foráneo es para otros climas.

El maloliente callejón trae recuerdos y aunque mi cabeza aún no sabe por dónde andamos, la botella llegó de un sorbo y se acabó con el siguiente, el crápula que invirtió en este barril debiera ausentarse pues el valle central no es de Jamaica y los dulces vinos no son suficientes, el prístino color del pisco sólo se enturbia en el vaso y de esta forma no manchamos la botella pues los barcos se llenan de ellas y vaciando los sentidos obtenemos la tranquilidad propia del estupor deseado.

Me envalentono con pocas copas y la señorita está más ebria que el callejón, la peineta en el bolsillo me dice que la tengo fácil y el borracho a mi lado lleva un traje con pocas manchas, el abrigo de la piel de un tercero me da la seguridad deseada, pero al comprarme un chicle me falta un trago.

Otro negro vacío me asalta con dudas de todo tipo, la chaqueta ya es historia y la señorita es ahora señora; rápidas respuestas que me ponen en cañón, pues la mañana siempre me da sed y a las doce el daño retumba en las ojeras.

Engancho con letras estampadas en botellas, pero parece que el ruso anda esquivo, aunque dicen del vodka y la caña no son cercanos.

El dulce trago se me interrumpe con verdes ojos de espejismo sicodélico, propio de quien mira a través de una botella a medio vaciar, le alcanzo el elixir y la sonrisa, es evidente, mientras se sienta encima. Esta versión más joven de la señora me hace mímicas para que sorbetee con mayor elegancia y así no se despierte la vieja gárgola. Le hago caso y me chupa el pico con cara de que mejor me calle. Le pego un último trago a la botella antes de alcanzarle el concho de la misma a la sirena humanizada para que complete la higiene bucal.

Todavía no me la creo cuando la chapa revienta y entra un gorila con un traje de artes marciales hecho de blue jeans. Me hago el muerto y cuando se da vuelta le rompo una botella en la jeta pensando en victoria. El indestructible Golem criollo se sonríe pensando en quién sabe qué tipo de tortura oriental, pero la gárgola contraataca con perdigones en la espalda. La clon joven, quien ahora viste de cuero, se divierte ahogando al semimuerto quien dispone de unos cuantos minutos para morir feliz. Recibo un trago con la mano izquierda, mientras con la derecha abro la cortina para que la gárgola se vuelva en piedra.

Al terminar la copa aprovecho la distracción y me hago humo con los pocos billetes que encuentro entre las copas y el triunfo de la mañana sin sol.










lunes 18 de mayo de 2009

La mística de la Iluminación. Conversaciones con U.G. Krishnamurti

Fragmento inicial





La gente me llama un 'hombre iluminado' -yo detesto ese término- ellos no pueden encontrar otro nombre para describir la forma en que estoy funcionando. Al mismo tiempo, yo señalo que no existe en absoluto la iluminación. Lo digo porque toda mi vida he buscado y deseado ser un hombre iluminado, y descubrí que no existe tal cosa, y así la cuestión sobre si un hombre en particular es un iluminado, o no, jamás surge. Me importa un rábano un Buddha de hace 2500 años, y mucho menos todos los demás demandantes que tenemos entre nosotros. Son un manojo de explotadores, que viven a costa de la credulidad de las personas. No hay ningún poder más allá del hombre. El hombre ha creado a Dios a partir del miedo. Así que el problema es el miedo, no Dios. He descubierto para y por mí mismo que no hay 'yo' que realizar -esa es la realización de la cual estoy hablando. Llega como un golpe demoledor. Te golpea como un rayo. Uno pone todo en el mismo canasto, la auto-realización, y, al final, inesperadamente descubre que no hay 'yo' que descubrir, no hay 'yo' que realizar- y uno se dice a sí mismo "¡¿Qué diablos estuve haciendo toda mi vida?!". Eso lo deshace. Toda clase de cosas me pasaron -yo atravesé eso. El dolor físico fue insoportable- por eso es que les digo que ustedes no quieren esto en realidad. Desearía poder darles una visión de esto, un toque de esto, entonces no querrían más esto en absoluto. Lo que ustedes están buscando no existe; es un mito. No querrían tener nada que ver con esto.



UG: Yo mantengo que - no sé, de la forma que lo llamen ustedes; no me gusta usar las palabras 'iluminación', 'libertad', 'moksha' o 'liberación'; todas esas son palabras muy cargadas, tiene una connotación propia - esto no puede ser producido por ningún esfuerzo de parte de ustedes; sólo ocurre. Y por qué le ocurre a un individuo y no a otro, yo no lo sé.
Interlocutor: ¿Así que, le ha pasado a usted?

UG: Me ha pasado a mí.
I: ¿Cuándo, señor?

UG: Cuando tenía cuarenta y nueve años. Pero hagan lo que hagan en la dirección de lo que sea tras de lo cual andan ustedes - el reconocimiento o la búsqueda de la verdad o la realidad - los aleja de vuestro propio estado natural, en el cual están siempre. Esto no es algo que puedan adquirir, lograr o completar como resultado de vuestro esfuerzo - por eso es que utilizo la palabra 'acausal'. Esto no tiene causa, pero de alguna manera la búsqueda llega a un final.
I: ¿Usted cree que no es el resultado de la búsqueda? Se lo pregunto porque he oído que ha estudiado filosofía, que tuvo contacto con personas religiosas...

UG: Vea, la búsqueda lo aleja de usted mismo - esto está en la dirección opuesta - esto no tiene absolutamente ninguna relación.
I: A pesar de eso, sucedió, ¿no fue por eso?

UG: A pesar de eso - sí, esa es la palabra. Todo lo que ustedes hacen impide que eso que ya está allí se exprese por sí mismo. Por eso yo llamo a esto 'vuestro estado natural'. Siempre están es ese estado. Lo que impide que lo que está allí se exprese por sí mismo en su propia forma es la búsqueda. La búsqueda siempre es en la dirección equivocada, así que todo lo que consideran tan profundo, todo lo que consideran sagrado, es una contaminación en esa conciencia. Puede que no les guste (Se ríe) el término 'contaminación', pero todo lo que consideran sagrado, santo y profundo es una contaminación. Entonces, no hay nada que puedan hacer. No está en vuestras manos. No me gusta usar la palabra 'gracia', porque si uno usa la palabra 'gracia', ¿la gracia de quién? Usted no es un individuo especialmente escogido; usted merece esto, no sé por qué. Si me fuera posible, yo ayudaría a alguien. Esto es algo que no puedo dar, porque ustedes lo tienen. ¿Por qué debería darles esto? Es ridículo pedir algo que ustedes ya tienen.
I: Pero yo no lo siento, y usted sí.

UG: No, esto no es una cuestión de sentirlo, no es una cuestión de conocerlo; nunca lo conocerán. Uno no tiene forma de conocer esto en absoluto; esto se expresa a sí mismo. No hay conciencia... Miren, no sé cómo plantearlo. Nunca el pensamiento de que soy diferente a alguien aparece en mi conciencia.
I: ¿Ha sido así desde el principio, desde que tiene conciencia?

UG: No, no puedo decir eso. Yo fui tras algo -como cualquiera que creció en una atmósfera religiosa- buscando algo, persiguiendo algo. Así que, contestar esa pregunta no es fácil, porque tendré que introducirme en todo el trasfondo de esto. Quizás llegue, no lo sé.
I: Sólo por curiosidad, como Nachiketa, estoy muy interesado en conocer cómo esas cosas le han sucedido a usted personalmente, hasta dónde sea que usted este consciente de eso.

UG: No, vea, le tendré que contar toda mi vida -me tomará mucho tiempo. La historia de mi vida marcha hasta un punto, y entonces se detiene- no hay más biografía después de eso. Los dos biógrafos que están interesados en escribir mi biografía tienen dos aproximaciones diferentes. Uno dice que lo que yo hice -el sadhana (ejercicios espirituales), la educación, todo el trasfondo- me pusieron allí. Yo digo que esto fue a pesar de todo eso. El otro biógrafo no está muy interesado en mi sentencia 'a pesar de', porque para él no hay material suficiente para llenar un gran volumen. (Risas) Ellos están más interesados en 'eso'. Los editores también están interesados en esa clase de cosas. Es muy natural pues ustedes están operando en un campo dónde la relación causa y efecto opera siempre; por eso están ustedes interesados en encontrar la causa, cómo fue que esto sucedió. Así que, estamos de vuelta en dónde empezamos: aún estamos involucrados con el 'cómo'. Mi trasfondo no tiene valor: no puede ser un modelo para nadie, porque vuestro trasfondo es único. Cada evento en vuestra vida es un hecho único en su propia forma. Vuestras condiciones, vuestro ambiente, vuestro trasfondo - toda la cosa es diferente. Cada evento en vuestra vida es diferente.
I: No busco un modelo para darle al resto del mundo - no lo estoy preguntando desde ese ángulo. Vemos una estrella, vemos el sol, vemos la luna - esto es como eso; no que yo vaya a pretender imitarlo. Puede tener relevancia, ¿quién sabe? Por eso fue que dije que soy Nachiketa: no quiero irme de aquí sin conocer la verdad de usted.

UG: Usted necesita un Yama Dharmaraja que conteste vuestras preguntas.
I: Si no le molesta, sea mi Yama Dharmaraja.

UG: A mí no me molesta. Ayúdeme. Mire, no tengo ayuda, no sé dónde comenzar. Dónde terminar, sí sé. (Risas) Creo que voy a tener que contar toda la historia de mi vida.
I: No nos molesta escuchar.

UG: No se me ocurre nada.
I: Necesita ser inspirado.

UG: No estoy inspirado, y soy la última persona para inspirar a alguien. Voy a tener que contarle, para satisfacer vuestra curiosidad, el otro lado, el lado barato de mi vida.

(Nació el 9 de Julio de 1918 en el sur de la India en una familia Brahmin de clase media-alta. Siendo el apellido de la familia Uppaluri, le fue dado el nombre de Uppaluri Gopala Krishnamurti. Su madre murió poco después de darlo a luz, y él creció con sus abuelos maternos en el pequeño pueblo de Gudivada, cerca de Masulipatam).

Crecí en una atmósfera muy religiosa. Mi abuelo era un hombre muy culto. Conoció a Blavatsky (la fundadora de la Sociedad Teosófica), a Olcott y, más luego, a la segunda y tercera generación de Teósofos. Todos ellos visitaron nuestra casa. El fue un gran abogado, un hombre muy rico, un hombre muy culto y, muy extrañamente, un hombre muy ortodoxo. Era una mezcla un poco rara: la ortodoxia, la tradición por un lado, y, lo opuesto, la Teosofía y todo eso, por el otro. No logró establecer un buen balance. Ese fue el comienzo de mi problema.

(Solían decirle a UG que su madre había dicho, justo antes de morir, que él 'había nacido para alcanzar un destino inmensurablemente elevado'. Su abuelo tomó esto muy en serio y renunció a sus prácticas legales para dedicarse por completo a la crianza y educación de UG. Sus abuelos y los amigos de estos estaban convencidos de que él era un yoga bhrashta, uno que se había quedado a unos pocos pasos de la iluminación en su vida pasada).

Él tenía hombres doctos en su nómina, y se dedicó, por alguna razón -no quiero entrar en el asunto- a crear una atmósfera profunda para mí y para educarme en la forma correcta, inspirado por los Teósofos y todo el resto. Y así, cada mañana, aquellos tipos vendrían y leerían los Upanishads, Panchadasi, Nyshkarmya Siddhi, los comentarios, los comentarios de los comentarios, todo eso, desde las cuatro hasta las seis en punto, y este niño de cinco, seis o siete años, tenía que escuchar toda esa porquería. Tanto así que cuando cumplí los siete años podía repetir casi todo eso de memoria, los pasajes del Panchadasi, del Nyshkarmya Siddi y esto, eso y lo otro. Así que muchos hombres santos visitaron mi casa -la Orden Ramakrishna y los otros; ustedes nombren, y los tipos de alguna forma visitaron mi casa- ese era un hogar abierto para todo hombre santo. Entonces, algo que descubrí cuando era muy joven es que eran todos unos hipócritas: decían algo, creían algo, y sus vidas estaban vacías, nada. Ese fue el comienzo de mi búsqueda. Mi abuelo solía meditar. (Ya ha muerto, y no quiero decir nada malo sobre él.) Solía meditar una o dos horas en una sala de meditación aparte. Un día un pequeño, de un año y medio o dos, empezó a llorar por alguna razón. Ese tipo vino y molió a palos al niño - y este hombre... ¿lo ven? meditando dos horas por día. "¡Miren! ¿qué es lo que ha hecho?" Eso planteó una suerte de (no quiero usar el término psicológico, pero no hay escape de él) experiencia traumática - "Debe haber algo raro con todo el asunto de la meditación. Sus vidas son frívolas, vacías. Hablan maravillosamente, expresan las cosas de una forma muy bella, pero ¿qué hay sobre sus vidas? Tienen este miedo neurótico en sus vidas: dicen algo, pero ese algo no opera en sus vidas. ¿Qué hay de malo en ellos? - no que yo me erija en juez de estas personas. Y las cosas siguieron y siguieron, así que me involucré con estas cosas: "¿Hay algo de realidad en lo que ellos profesan - el Buddha, Jesús, los grandes maestros? Todos están hablando sobre moksha, liberación, libertad. ¿Qué es eso? Quiero conocerlo por mí mismo. Todos esos tipos son inútiles, pero debe haber alguien en este mundo que sea una encarnación y un apóstol de todas aquellas cosas. Si hay uno, quiero encontrarlo. Entonces pasaron un montón de cosas. Por aquellos días había un hombre llamado Sivananda Saraswati - era el evangelista del Hinduismo. Entre los catorce y los veintiuno (estoy salteándome muchos eventos innecesarios) solía ir allí y reunirme con él muy seguido, e hice de todo, todas las austeridades. Yo era tan joven, pero estaba decidido a descubrir si había algo como moksha, y quería ese moksha para mí. Quería probarme a mí mismo y a los demás que no podía haber hipocresía en esas personas - "Son todos unos hipócritas" - así que practiqué yoga, practiqué meditación, lo estudié todo. Experimenté cada una de las experiencias de las que los libros hablaban - samadhi, súper-samadhi, nirvikalpa samadhi, todas. Entonces me dije a mí mismo "El pensamiento puede crear cualquier experiencia que desees - felicidad, beatitud, éxtasis, disolución en la nada - todas esas experiencias. Así que, esta no puede ser la cuestión, porque yo soy la misma persona, mecánicamente practicando estas cosas. La meditación no tiene valor para mí. Esto no me está conduciendo a ninguna parte". Entonces, vean, el sexo se convirtió en un problema tremendo para mí, un ser humano joven: "Es algo natural, un asunto biológico, una urgencia en el cuerpo humano. ¿Por qué todas estas personas quieren negar el sexo y suprimir algo tan natural, algo que está relacionado con todo, en orden a obtener alguna otra cosa? Esto es más real, más importante para mí que moksha y liberación y todo eso. Esto es una realidad -pienso en dioses y diosas y tengo sueños eróticos- tengo esto en mí. ¿Por qué debería sentirme culpable? Es algo natural; no tengo control sobre esta cosa que está sucediendo. La meditación no me ha ayudado, el estudio no me ha ayudado, mis disciplinas no me han ayudado. Nunca toqué sal, nunca toqué pimientos ni ningún condimento". Entonces un día encontré a este hombre Sivananda comiendo mangos en vinagre a puertas cerradas - "He aquí un hombre que se ha negado todo con la esperanza de obtener algo, pero ese tipo no puede controlarse a sí mismo. Es un hipócrita". - No me interesa hablar mal de él - "Esta clase de vida no es para mí".






Conversaciones en India y Suiza, entre 1973 y 1976










lunes 11 de mayo de 2009

Las Muchas Formas del Gran Silencio, por Ramón CEOS






En el año cristiano 1414, año 1958 según el calendario budista tibetano, en el distrito de Gyalrong, al este del país de las nieves, el lama Ngawang Drakpa, discípulo de Je Tsongkhapa, funda el monasterio de Dhe-Tsang.

Si creemos, como los teóricos de la cadena del ser, o antes que ellos, como los vitalistas modernos, o como Bautista Vicco creyó en ese tiempo y antes que él Nagarjuna, que las cosas no suceden por sí mismas, ni separadas, ni juntas ni separadas al mismo tiempo, tal vez sea bueno hacer un pequeño recuento sobre algunos hechos que sucedieron en el mundo ese mismo año.

Nacía en Afganistán (entonces Uddiyhana), Jami, el gran poeta Sufi que habría de cantar el amor para el mundo islámico. En Europa, Nápoles, que entonces era un principado independiente, veía con sospecha que Joana II sucedía a su hermano Ladislao, muerto en extrañas circunstancias, y Michael Küchmeister von Sternberg se convertía en el vigesimooctavo gran maestro de la orden de los caballeros teutónicos. América aún era ignorada por los europeos, por lo que en esas tierras se vivía el feliz tiempo sin edad, donde los incontables miles brindaban sus vidas sin mucha cavilación a la guerra florida y a la economía de la sangre tolteca, y más al sur del mismo continente los reyes changos ordenaban la vida en complicados rituales que indiferenciaban muerte y sexo. En Oceanía y las islas afortunadas los pueblos de hombres vivían un tiempo-sueño más real y vital que la vigilia, montando ballenas y repitiendo ritos de pasaje e iniciación que se remontaban a los tiempos de Urantia. Pero claro, esas son otras historias.

Volvamos al esforzado Ngawang Drakpa, quién llegó a Gyalrong con la noble aspiración de fundar un monasterio para educar lamas y expandir el budismo, convencido de la posibilidad real de plantar estas prácticas de manera estable en tierras dominadas por la religión Bön. Buscando un lugar apropiado para construir un monasterio, encontró entre dos altas cumbres un lugar especial, pero sin saber exactamente dónde construir, se sentó dejando que su mente descansará sin forma específica. Entonces una sombra cubrió el cielo, un gran cuervo descendió hasta donde estaba el lama y le arrebató la bufanda. Sorprendido, Ngawang corrió tras el gran cuervo negro, o tras su sombra más bien, hasta que encontró sobre un árbol de junípero la bufanda arrebatada. Decidió entonces que alrededor de ese árbol era el mejor lugar para construir.

El monasterio progresaba de manera sinuosa. En Lasha, la capital, Je Tsongkapa encargaba al arquitecto del Dalai Lama la realización de los planos del Potala, mientras que los seguidores de Ngawang Drakpa atravesaban los valles y montañas del país de las nieves para formar una comunidad de monjes. Los lamas de Tibet, acostumbrados a la vida nómada, no tenían problemas en instalarse en tiendas alrededor de lo que habría de ser Dhe-Tsang, pero los seguidores del Bön no veían a estos hombres dedicados a la virtud con muy buenos ojos. Las ofrendas de los campesinos de Gyalrong se volvieron hacia la comunidad emergente, en parte por el alto nivel de realización que se observaba en Ngawang y sus seguidores y en parte por lo novedoso del buddhadharma entre estas personas que hasta entonces habían pasado sus vidas sin siquiera un OM MANI PADME HUM, sumidos en el miedo reverencial y la culpa inexplicable frente a caprichosas deidades primitivas y telúricas. La compasión de los lamas no convencía a los sacerdotes y magos Bön que recurrieron a magia negra y toda clase de trucos bajos para retrasar y evitar la construcción del monasterio. Frente a esto se requirió la ayuda del maestro Je-Tsongkapa.

El gran dialéctico que habría de establecer al linaje de los estudiosos Gelug y a los Dalai Lamas como regentes del Tíbet central recibió las peticiones de su querido discípulo. Las noticias contenían historias de devoción y de magia, relataban cómo crecían árboles bajo los pilares, cómo lo construido en el día se desvanecía en el viento nocturno entre conjuros de magia negra. Tsongkapa meditó al respecto y tuvo la visión de un protector furioso que cortaba con fuerza inhumana la confusión, que con seis brazos arrasaba a los enemigos del buddhadharma. Compuso una sadhana, liturgia que es al mismo tiempo invocación, plegaria y disciplina para los adeptos, y la envió a Gyalrong junto a tres monjes que entrenarían al lama Ngawang y sus seguidores para la realización efectiva de esta sadhana de protectores, disipadora de todos los obstáculos. Fue así como el monasterio pudo por fin edificarse, acalladas las artes nigrománticas de los adeptos al Bön.

Cercano estaba el día de la inauguración del monasterio. En las poblaciones aledañas de las colinas se preparaban los sacos de tsampa, la mantequilla de yak y los odres de fuerte cerveza tibetana para celebrar tan proficuo acontecimiento. Je-Tsongkapa estaba satisfecho, el Dalai Lama había enviado a sus embajadores a Gyalrong, sólo faltaba una estatua de guru rimpoché para adornar el salón principal. Cuando los astrólogos decidieron que la inauguración fuera durante la luna del buey, segunda después de Wezak, entre las colinas del oeste aparecieron tres hombres negros que compartieron té con mantequilla guareciéndose del viento de la tarde en las tiendas de los monjes. Se presentaron como escultores venidos de India, sus pieles oscuras, sus manos poderosas, sobre todo sus apariencias de haber nacido formados de la misma materia que las rocas y la tierra, lo confirmaban. Ngawang Drakpa, feliz por esta coincidencia auspiciosa, les ofreció té, mantequilla, arroz y los sentó especialmente en el puesto más cercano a la cocina. Sólo uno de los hombres aceptó permanecer en el monasterio, sus acompañantes debían marchar a reunirse con el Dalai Lama, aunque aseguraban que la estatua estaría lista antes de lo previsto. Nadie discutió, pero el ánimo de los monjes comenzó a teñirse de un reverencial respeto a lo sobrenatural.

Una vez solo, el hombre negro se encerró a cumplir su cometido, saliendo únicamente durante la cena, respondiendo con secos y cortantes comentarios a las preguntas del abad, aceptando por merienda nada más que una taza de té y un puñado de harina de cebada tostada. Nadie podía ver los progresos, que aseguraba abundantes. Siempre sentado en el puesto al lado de la puerta de la cocina, el hombre negro cargaba el ambiente con una energía tal que nadie, ni el mismo Ngawang Drakpa se atrevía a hablar. Nada se decía, pero los monjes y su abad sabían lo que todos estaban pensando ¿cómo puede estar trabajando este hombre, si no ha pedido materiales ni se escucha el ruido de herramientas en la gompa?

Algunos días, tal vez cuando la preocupación llegaba a entorpecer las prácticas rituales en la comunidad de monjes, y los pensamientos durante la meditación se volvían más ruidosos, un cuervo negro muy grande paseaba su sombra por las inmediaciones del monasterio, como recordándole a los lamas que ese lugar lo había escogido él y que se preocupaba siempre de sus discípulos yogis.

El día anterior al festival comenzaron a llegar las alegres y coloridas comitivas con los habitantes de la región, todos estaban dispuestos a escuchar las enseñanzas del buda y a ayudar en los preparativos de la inauguración. El hombre negro declaró haber terminado. Monjes y visitantes pudieron apreciar una estatua sublime del nacido-de-un-loto en su manifestación como erudito pandita, evidente tributo al linaje de los estudioso Gelug y a su líder Je Tsongkapa. Dicen que durante ese día todos los presentes se sintieron inusualmente inspirados, se compusieron cantos de realización, llegaron muchos yogis, lamas y músicos de todos los pueblos del país de las nieves, se confirieron iniciaciones, se bautizó con su nombre de refugio a todos los niños y se representó una escena de la vida del buda, una que gustaba particularmente a Ngawang Drakpa, cuando Sakyamuni vence a Mara, el demonio de la pasión, la agresión y la ignorancia, y la iluminación se le revela sin obstáculos. La estatua construida por el misterioso artista era el centro del festival.

En la última hora de la tarde, cuando avanzaba el crepúsculo y ya se hacían los preparativos para las liturgias finales del día, el escultor se puso de pie en medio de la concurrencia. Un silencio negro y pesado acalló incluso a los niños más ruidosos, y el hombre habló con una voz profunda y antigua. Relató para todos las maravillas de su país, India, la tierra de los budas, y contó cómo ahí la historia de la iluminación del bienaventurado tiene un detalle que se había obviado en la representación teatral de los monjes. Cuando buda se enfrenta a Mara, las fuerzas del demonio están a punto de vencer la determinación del que habría de ser el despierto, en ese momento de la tierra surgió una energía poderosa y cortante que se presenta como protector de todos los seres, surgida de la sangre y el esfuerzo de todos los que han buscado la iluminación. Con esta ayuda, nacida de las fuerzas más primitivas del planeta mismo, buda despeja el camino entre la confusión hacia el despertar. Este protector llega hasta el bienaventurado pues, en su infinita compasión y a lo largo de sus innumerables vidas, buda había ayudado no sólo a personas y animales, sino a plantas, ríos y montañas a realizar su naturaleza iluminada, completamente buena. Así, el escultor pide interpretar una danza típica de su país que escenifica y honra el pacto de inseparabilidad de los protectores con los iluminados. La audiencia calla, todos saben intuitivamente que están a punto de presenciar algo sublime y mágico.

El extraño, hasta entonces conocido sólo como “el hombre negro” comienza un baile intenso y reconcentrado que crece en despliegues de energía y ferocidad. Toda la audiencia se ve sobrecogida por un viento negro y espeso. Entre gritos y silencio el escultor comienza a girar más y más rápido, poseído, transido por una energía desbordante que se transmite a los presentes dejándolos mudos e incapaces de desviar su atención. Todas las miradas se concentran sin descanso ni distracción en la danza terrible. Los pasos retumban en la loza del patio central como si el suelo fuese a abrirse, el cielo se cubre de nubes que amenazan rayos. El cuerpo del artista parece que fuera a reventar de un momento a otro. Cuando termina, las nubes se abren por un instante silente, el último rayo de sol brilla sobre una enorme estatua negra.

Un gigante de seis brazos se observa de pie, como si danzara sobre un loto de ciento ocho pétalos, aplasta a un elefante, viste una piel de tigre, lleva un puñal katvanga en una mano, una lanza que ensarta las cabezas de deseo, agresión e ignorancia en su otra mano en alto. Una corona de cinco cráneos adorna su cabeza de tres ojos completamente abiertos con pupilas de fuego. Con una mano bebe sangre de una copa-calavera, otra mano empuña a la altura del corazón un rosario de calaveras, con otra mano sostiene un damaru que resuena con el sonido primordial que corta la ignorancia, su última mano sostiene un lazo que sirve para atraer a quienes se empeñan en seguir en el mundo samsárico de confusión y sufrimiento. La estatua negra refulge como si de ella surgieran llamas doradas y cobrizas que abrazan a la demudada audiencia.

El sonido de los últimos pasos de la danza todavía resuena, un potente olor a incienso y té muy cargado perfuma el ambiente, todo guarda silencio, no sopla el viento, en lo oídos de la gente resuena un pitido agudo y sordo –no se podría decir si es sonido, silencio o sonido y silencio al mismo tiempo- que acalla cualquier discursividad, cualquier pensamiento.

El hombre negro se ha ido, en su lugar, esta estatua todavía se conserva en el monasterio de Dhe Tsang, y hasta el día de hoy los monjes, a la hora de la cena, apartan un pocillo de tsampa con té, sirviéndolo en “el puesto del hombre negro” al lado de la puerta de la cocina, donde nadie atrevería sentarse. La estatua, el gran negro de seis brazos, protege a los yogis desde una habitación ubicada a un costado del altar principal, donde estuvo la imagen de Padmasambhava antes de ser destruida por el ejército rojo. En esa sala durmió el incansable Ngawang Drakpa junto a la estatua hasta el día de su parinirvana.

A pesar de estar iluminado a todas horas por lámparas de aceite, algunos monjes todavía ven la gigantesca sombra de un cuervo que sale desde ahí para pasear, en la primera hora del crepúsculo, por el interior del monasterio, danzando, tremendamente silenciosa.









lunes 4 de mayo de 2009

una de gatos y mal de ojo, por Ramón Ce





I am going to put myself to sleep now for a bit longer than usual.
Call it Eternity.
Jerzy Kosinski



Así he escuchado que pasa:

En una misma habitación un niño desnudo
deprivado de alimento dignidad humanidades mínimas
vigilado por pareja de gatos invernales, celosos, hambrientos
cuelga sosteniéndose a cuchara de estaño
clavada en lo alto de vigas añosas
los gatos se huelen, lamen, pelean
intentan alcanzar sangrantes pies de niño
estira contrae alternativamente sus brazos
cambiando el peso para no caer
la cuchara talla un ojo de madera en la veta herida
los gatos lamen gotas de sangre de pies azulosos
lleno el aire de olor a sexo y sangre
llena esta página de letra y carne
pelean y se tuercen
como sólo podrían los felinos
como sólo podrán los poetas
miaullido atroz
el macho monta a la hembra
en un segundo fugaz de silencio inmóvil
el niño salta/cae sobre los gatos
atravesándolos la cuchara
trozadora de vigas
rompe espinas, arranca/ahoga gritos
cadáveres
cadáver
imposible de separar/diferenciar
mira con cuatro ojos vidriosos
dos colas amoratadas
los pozos/espejos incrédulos
del asesino con cara de niño
con manos de tinta
miran impermanentes
fondo desdibujado en aleph
totalidad iluminada
compasión... sólo los animales saben morir
ojos que desde la húmeda prisión
miran el sol
el vacío bibliográfico les contendrá
los apócrifos de martínez, las lecturas de cheshire (che´z ch´a ier prefiere un amigo)
las soledades de heredia y los ditirambos históricos de tantos ficionadores
mientras queer niño
irrrrrespetuoso
preferirá ocupar usar utilizar ejercer funcionar
extractiva la cuchara
urgar líquidas comisuras donde vase la vida
ex-epilépticos amantes felinos
observan
observa: la deglución de los ojos
llevados por niño pájaro
piensa: a dónde llevarán estas visiones? es que verá de noche?
y tapa los ojos, para que no te/se los roben
ni perder/te/los nunca

mientras que yo quería escribir:

como Borges, y tantos otros antes que él, supe que mi destino sería literario, pero en mi caso no fue desde siempre, sino cuando un accidente que todavía marca mi rostro, me regaló la conciencia infantil e inconsciente de la fragilidad del ojo, ese globo líquido que todos de niño pusimos en riesgo inocente, frente el león doméstico, y que si la novela es un espejo que se pasea sobre sí mismo, el poema será una cuna que se vuelca sobre un niño, o una cuchara que se convierte en daga.

Pero claro, esto...
esto había sido dicho muchas veces antes
así lo había escuchado
(no) así como lo reproduzco
frente a lo imposible de contar lo que vieron los gatos
las paredes, los iluminados, los que leyeron... y los de antes







sábado 25 de abril de 2009

Amorimos, por Ramón Ce





poetis mentire licit


a Bogumil Jasinowsky, en Méjico



Los días de Lafinur y Carriego han quedado atrás, ya nadie piensa en escribir si no es para profitar o probarse diestro. Hawthorne denunciaba el extremo caso de un hombre que abandonó a su mujer sin mayor conciencia que extender durante una semana o diez días inclusive su ausencia prometida por sólo tres, volveré a cenar la noche del viernes, para que me aguarden, y con el beso rutinario de matrimonio adentrado en la segunda década de convivencia se despidió de su mujer que habría de vivir viuda durante veinte años, más años de los que conoció casada. Adolece de espacio la entrega, se queja Nathaniel, pues de lo contrario, abundaría en su análisis del siquismo y las razones filosóficas evolucionarias para que un hombre, perfecto padre de familia londinense, se desaparezca de su hogar por veinte años y algunos días, y se dedique a habitar en un cuartucho a escasas cuadras de su residencia, molestándose incluso en espiar la nebulosa viudez de su esposa en espera.

Como decía, los límites son disímiles, hoy, sólo puedo ficcionar el caso tal vez pariente de un mujer que en la primera década del siglo veintiuno, tomó sus bártulos y dejó a su pareja con la que había vivido durante casi diez años, y con la que había concebido una hijita, desolados e inquiriendo al universo dónde se habría metido la fémina. La hiperlegalizada vitalidad de estos tiempos condujeron avisos de desaparición y posteriormente defunción, los tiempos rápidos e hiperventilados resumieron la ausencia a poco más de quince años, tiempo al cabo del cual la mujer regresó, sin mayores explicaciones, a retomar posesión de su lecho y del añejado y deseante sexo de su señor marido, del que no diremos tantas virtudes como las que Hawthorne prodiga a una clásica viuda inglesa de las que el siglo diecinueve, entretenido en colonialismos y expediciones, fue tan pródigo y, por qué no decirlo, ejemplar.

Casi cien años después de la historia de Wakefield, y un poco menos de cien años antes que la historia de la madre desaparecidora, tenemos un relato ínclito en la novela "el halcón maltés", que cuenta de un vendedor en el medio del camino de la vida que sosobra de un accidente fatal. Esta oportunidad le lleva a desparecer de su mujer y su hija universitaria, de quienes está seguro vivirán una vida dispensada de preocupaciones pecuniarias en vista de la holgura de un seguro de vida a poco contratado. El hombre se marcha, muere, y no vuelve a manifestarse, si no es en la confesión tardía y agonizante a un investigador que bien sabemos nunca habrá de denunciarlo; Wakefield se pierde, teme, espía, se tortura y finalmente se resuelve a volver a un tiempo en donde nada cambia, como si hubiera vivido en la alteridad. La mujer desaparece, es asesinada por la sociedad y el preocupado, celoso, desinteresaso e infiel cónyuge.

Historias de suplantaciones abundan en la literatura, Matías Pascal también muere y se convierte en culpable del crimen de su propia muerte hasta el punto de necesitar encontrarse con el autor de su vida-novela. Rip Van Winkle duerme un sueño soñado por Irving donde los límites de su mundo quedan limitados por el tiempo en que se tarda una generación de hombres en crecer y empoderarse de lo que fuera de sus progenitores. Los primeros casos en cuestión son más inocuos, fútiles, indiferencian la ausencia con el viaje y con la presencia, la literatura con la muerte y el tiempo con las relaciones humanas. Pero eso es sólo una conjetura, en la que tal vez podría abundar si el espacio de ahora lo permitiera.







sábado 18 de abril de 2009

Lolenco Lolos Lindos, por Ramón Ce





Esto habría de ser un título para cuento, decida ud. comenzar el viaje:
aventuras rurales: pueblerinos emigrando amores entornados conveniencias sociales
muertes nacimientos días años
parecido al ciclo sureño del gran francisco fitzgerald
o más yoknapaktawense como guillermo faulkner
lolenco, tacuarembó, pelotillehue, venado tuerto,
rio das pedras
pueblos rurales iguales en
po lo nia
in dia chi
lei
sin ennumerar, sin taxonomizar tantas infinitas historias
pero quedó poesía l e t r a raya
entre el bullicio capital el silencio de la ciudad que nunca es tal pregunta e inventa
¿cuándo cómo y dónde nacen las historias? ¿cuál y hasta dónde está el límite?
Limité el cuento Agrandeció el poema
pueblos nunca aislados
camino carretera cruce cruz
invitando visitar los
buses trenes los
a t r a v i e s a n
o
les quedan cercanos
invitando dejar los
No conocí nunca a nadie de estos pueblos. Imposible no amarlos
Una mujer de ahí cerca
muy bella cuando frunce el ceño
prepara exquisitas tortillas-churrascas
mas no querría hablar de ella por no ser lugareña
ni habermela llevado al río ni habré probado esas tortillas
ni jamás
jamás jamás jamás jamás jamás jamás jamás jamás jamás jamás jamás jamás jamás jamás jamás
nunca
mear
mearé
mearse
orinar
pichar
e/u/y/otras tantas
detenerse
a la vera
en la berma
en la orilla
principio medio fin
de aquel camino que lleva a Lolenco
y a tantas partes otras ¿no?









domingo 12 de abril de 2009

ACERCA DE LA HISTORICIDAD DE VÍCTOR HUGUES




Alejo Carpentier


Como Víctor Hugues ha sido ignorado por la historia de la Revolución Francesa -harto atareada en describir los acontecimientos ocurridos en Europa, desde los días de la convención hasta el 18 Brumario, para desviar la mirada hacia el remoto ámbito del Caribe-, el autor cree útil hacer algunas aclaraciones acerca de la historicidad del personaje.

Se sabe que Víctor Hugues era marsellés, hijo de una panadero -y hasta hay motivos para creer que tuviese alguna lejana ascendencia negra, aunque esto no sería fácil de demostrar. Atraído por un mar que es -en Marsella precisamente- una eterna invitación a la aventura desde los tiempos de Piteas y de los patrones fenicios, embarcó hacia América, en calidad de grumete, realizando varios viajes al Mar Caribe. Ascendido a piloto de naves comerciales, anduvo por las Antillas, observando, husmeando, aprendiendo, acabando por dejar las navegaciones para abrir en Port-au-Prince un gran almacén -o comptoir- de mercancías diversas, adquiridas, reunidas, mercadas por vía de compra-venta, trueque, contrabandos, cambios de sederías por café, de vainilla por pelas, como aún existen muchos en los puertos de este mundo tornasolado y rutilante.

Su verdadera entrada en la Historia data de la noche en que aquel establecimiento fue incendiado por los revolucionarios haitianos. A partir de ese momento, podemos seguir su trayectoria paso a paso. La reconquista de la Guadalupe se guía por un esquema cronológico preciso. Cuanto se dice acerca de su guerra librada a los Estados Unidos -la que llamaron los yanquis de entonces "Guerra de Brigantes"- así como la acción de los corsarios, con sus nombres y los nombres de sus barcos, está en documentos reunidos por el autor en Guadalupe y en bibliotecas de la Barbados, así como en cortas pero instructivas referencias halladas en obras de autores latinoamericanos que, de paso, mencionaron a Víctor Hugues.

En cuanto a la acción de Víctor Hugues en la Guyana Francesa, hay abundante material informativo en las "memorias" de la deportación. Después de la época en que termina esa acción, Víctor Hugues fue sometido, en París, a un consejo de guerra, por haber entregado la colonia a Holanda, después de una capitulación que era, en verdad, inevitable. Absuelto con honor, Víctor Hugues volvió a moverse en el ámbito político. Sabemos que tuvo relaciones con Fouché. Sabemos también que estaba en París, todavía, a la hora del desplome del imperio napoleónico.

Pero aquí se pierden sus huellas. Algunos historiadores -de los muy pocos que se hayan ocupado de él accidentalmente, fuera de Pierre Vitoux que le consagro, hace más de veinte años, un estudio aún inédito- nos dicen que murió cerca de Burdeos, donde "poseía unas tierras" (?) en el año 1820. La Bibliografía Universal de Didot lleva esa muerte al año 1822. Pero en la Guadalupe, donde el recuerdo de Víctor Hugues está muy presente, se asegura que, después de la caída del Imperio, regresó a la Guayana, volviendo a tomar posesión de sus propiedades. Parece -según los investigadores de la Guadalupe- que murió lentamente, de una enfermedad que pudo ser la lepra, pero que, por mejores indicios, debió ser más bien una afección cancerosa.

Hallándome en París, tuve oportunidad de conocer a quien aseguraba ser descendiente directo de Víctor Hugues, poseedor de importantes documentos familiares acerca del personaje. Por él supe que la tumba de Víctor Hugues se encuentra en un lugar situado a alguna distancia de Cayena. Pero con esto encontré, en uno de los documentos examinados, una asombrosa revelación: Víctor Hugues fue amado finalmente, durante años, por una hermosa cubana que, por más asombrosa realidad, se llamaba Sofía.

¿Cuál fue, en realidad, el fin de Víctor Hugues? Aún lo ignoramos, del mismo modo que muy poco sabemos acerca de su nacimiento. Pero es indudable que su acción hipostática -firme, sincera, heroica, en su primera fase; desalentada, contradictoria, logrera y hasta cínica , en la segunda- nos ofrece la imagen de un personaje extraordinario que establece, en su propio comportamiento, una dramática dicotomía. De ahí que el autor haya creído interesante revelar la existencia de este ignorado personaje histórico.









domingo 5 de abril de 2009

SOBRE LAS PROFECÍAS





G. Apollinaire
Caligramas, Ondas
He conocido a algunas profetisas
Madame Salmajour había aprendido a echar las cartas en
Oceanía
Allí lejos además había tenido la oportunidad de participar
En una sabrosa escena de antropofagia
No hablaba de ello con cualquiera
Por lo que al futuro se refiere jamás se equivocaba
Una echadora de cartas ceretana Margarita no sé qué más
Es igualmente hábil
Paro Madame Deroy es la mejor inspirada
La más certera
Todo lo que me contó del pasado era cierto y lo que ella
Me anunció se ha confirmado en el plazo que indicaba
He conocido a un descifrador de sombras pero no quise que
interrogara la mía
Conozco a un brujo es el pintor Diriks
Espejo roto sal derramada o pan que cae
Puedan esos dioses sin rostro guardarme siempre
Por lo demás yo no creo pero observo y escucho y advertid
Que leo en las manos bastante bien
Porque yo no creo pero observo y cuando me es posible
escucho
Cualquiera es profeta mi querido André Billy
Pero hace tanto tiempo que se le hace creer a la gente
Que no tienen futuro alguno que para siempre son
ignorantes
E idiotas de nacimiento
Que cada cual se resigna y a nadie se le ocurre siquiera
Preguntarse si conoce o no el futuro
No hay ánimo religioso en ello
Ni en las supersticiones ni en las profecías
Ni en todo lo que llaman ocultismo
Hay ante todo una manera de observar la naturaleza
Que es muy legítima









domingo 29 de marzo de 2009

La fe, por Lucía Cánobra Pompei






…ojo de luz
en el centro de un mundo terrible y alegre.
Georges Bataille




Montserrat desde lo alto busca el fuego. Todo ha de regresar alguna vez, pienso entre paréntesis. Esconde en precipicios una llave enmohecida, impreciso ungüento de una era trágica. Llamas, dioses incendiándose, malogrando el cuerpo de otros, latigándose en placer prohibido. Como el sabio antiguo, ciego cándido, entregado a muslo incrédulo de las cenizas. La mirada embrutecida, mientras ríos de estribor, conducen la canícula viviente: Habré de ver el flujo de mis piernas, fruto brujo de pasión sublime. Entrega lega de heredades malolientes, de entremezclas despreciables. La humedad deviene mácula. De la mácula, erosión. La erosión transforma en duda, y ésta en pánico y violencia. El fuego avanza, material incandescente. Arrúllame en tus manos, ambicióname sin vicios ni pecados. Soy mortal, molígera, cantábrica; amo lo que se me entrega y me entrego al ser amado, sin desdichas ni mezquinos límites o atisbos. Con las manos en la espada, estremezco el canto de las piedras y animales que revierten lo salvaje de sus sombras y sus babas. Con mis lágrimas de muerte, gobierno el frente de una guerra en el pasado. La sangre, los caídos, las cruces en las manos llenas de reseca sangre. Mis manos me conducen, guiadas por un ser que está muy cerca. El umbral permite una abertura; atisbo tiernamente al otro lado.

Ya no voy sino que vuelvo, hacia el centro de la mínima existencia: Dios, los hombres y la fe de los que mienten.






en El concierto de la crisis, o el discipulazgo se revierte, 2009 (p.p.)









lunes 23 de marzo de 2009

Trópico de Cáncer, por Henry Miller

Fragmento





Quiero desviarme de estas altas y áridas sierras donde se muere uno de sed y de frío, de esta historia "Extratemporal" de este absoluto de tiempo y espacio en que no existen ni hombres, ni animales, ni vegetación, donde se vuelve uno loco por la soledad, por el lenguaje que es sólo palabras, donde todo está desenganchado, desencajado, descompasado en relación con los tiempos. Quiero un mundo de hombres y mujeres, de árboles que no hablen (¡Porque ya se habla demasiado en el mundo, tal como es!), de ríos que te lleven a algún lugar, no ríos que sean leyenda, sino ríos que te pongan en contacto con otros hombres y mujeres, con la arquitectura, la religión, las plantas, los animales: ríos que tengan barcos y en los que los hombres se ahoguen en el mito y la leyenda y los libros y el polvo del pasado, sino en el tiempo y el espacio y la historia. Quiero ríos que hagan océanos como Shakespeare y Dante, ríos que no se sequen en el vacío del pasado. ¡Océanos, sí! Que haya más océanos, océanos nuevos que borren el pasado, océanos que creen nuevas formaciones geológicas, nuevas perspectivas topográficas y continentes extraños y aterradores, océanos que destruyan y que preserven al mismo tiempo, océanos en los que podamos navegar, zarpar hacia nuevos descubrimientos, nuevos cataclismos, más guerras, más holocaustos. Que haya un mundo de hombres y mujeres con dínamos entre las piernas, un mundo de furia natural de pasión, acción, drama, sueños, locura, un mundo que produzca éxtasis y no pedos secos.

Creo que hoy más que nunca hay que procurar conseguir un libro aunque sólo tenga una gran página: hemos de buscar fragmentos, astillas, uñas de los pies, cualquier cosa que tenga mineral dentro, cualquier cosa capaz de resucitar el cuerpo y alma.









lunes 16 de marzo de 2009

La gran estepa se ilumina, por Carlos Almonte






El trueno resplandece a lo que intuye; las arenas blancas, tierras amarillas y un color insomne, casi muerto, que recorta las siluetas de montañas en el fondo. Un acantilado, una estepa verde, un lago oculto al interior de una caverna; cuatro bestias de color plateado la acompañan, la adormecen sin soñar, como un recuerdo negro.

Una tarde no despunta al sol
Leve inquieta
Maloliente
La sutura

Canción demente en insignificantes círculos

Ya no dice nada
No responde
No respira




en Laura en el desierto, 2006









martes 10 de marzo de 2009

Magia, por Voltaire






Es una ciencia más digna de aplauso que la astrología y la doctrina de los genios. Desde que empezó a vislumbrar que todo hombre poseía un ser completamente distinto del cuerpo, y que tal ser subsistía después de la destrucción de la materia, le otorgaron forma ligera, sutil y aérea, pero semejante a la del cuerpo en que se aloja. Esta opinión se generalizó en virtud de dos razones: la primera, que en todos los idiomas el alma se llamaba espíritu, soplo, viento, y era algo imperceptible, algo ligero y algo sutil; la segunda, que si el alma del hombre no conservaba una forma parecida a la que poseyó durante su vida, después de la muerte no se podría distinguir el alma de un hombre de la de otro. Esta alma, esta sombra, que subsistía separada de su cuerpo, podía muy bien, si no manifestarse en algunas ocasiones, volver a ver los lugares que había habitado, visitar a sus padres y amigos, hablarles y darles instrucciones, pues lo que existe puede aparecerse.

Las almas podían también enseñar a quienes se les aparecían la manera de evocarlas, y ellas no dejarían de presentarse. El vocablo amuleto, pronunciado en ciertas ceremonias, hacía que se aparecieran las almas con las que deseaba hablar. Supongo que un egipcio hubiera dicho a un filósofo: «Desciendo en línea recta de los magos de Faraón, que convirtieron las varas en serpientes y el agua del Nilo en sangre. Uno de mis antepasados contrajo matrimonio con la pitonisa de Endor, que evocó la sombra de Samuel con la plegaria del rey Saúl y comunicó sus secretos al marido, el cual también le enteró de los suyos. Poseo esta herencia de mis padres y mi genealogía está demostrada; mando a las sombras y los elementos». El filósofo no hubiera podido hacer otra cosa que pedirle protección, porque si hubiera querido negar y disputar el mago le hubiera cerrado la boca diciéndole: «No puedes negar los hechos. Mis antepasados fueron grandes magos y tú no puedes dudarlo. No tienes ninguna razón para creer que sea de peor condición que ellos, máxime cuando te doy palabra de honor de que soy hechicero». El filósofo hubiera podido objetarle: «Ten, pues, la amabilidad de evocar una sombra, de que hable con un alma, de convertir este agua en sangre y esta vara en serpiente». El mago podía replicarle: «No quiero ocuparme en trabajar para los filósofos. Hice que se aparecieran espectros a damas muy respetables y a gentes sencillas que no disputan conmigo. Comprenderás que es posible que posea esos secretos, pues os habéis visto obligado a confesar que mis antecesores los poseían, y lo que se hizo en tiempos antiguos también puede hacerse hoy. Creéis en la magia sin que por ello esté obligado a practicar contigo ese arte».

Estas razones eran tan válidas por aquel entonces que en todos los pueblos hubo hechiceros. El Estado pagaba a los más relevantes para que leyeran el porvenir en el corazón y el hígado de un buey. ¿Por qué, pues, durante mucho tiempo castigaron a los hechiceros inferiores con la pena de muerte? Obrando prodigios, en vez de castigarlos debían habérseles tributado honores, sobre todo debieron temer el poder de que disponían. Nada tan ridículo como sentenciar al verdadero mago o morir en la hoguera, porque debían pensar que podía apagar el fuego de la pira y retorcer el cuello a sus jueces. Debieron haberse concretado a decirles: «Amigo mío, no te queremos achicharrar como a un verdadero mago, sino como a un hechicero falaz, porque te jactas de un arte admirable que no posees. Te tratamos como moneda falsa. Nos consta que hubo antiguamente venerables magos, pero creemos que no lo eres porque te dejarás quemar como un tonto».

Cierto que el cuitado mago pudiera replicar: «Mi ciencia no llega hasta el punto de apagar una hoguera sin agua, ni hasta el extremo de matar a mis jueces sólo con palabras; solamente puedo evocar almas, leer en el porvenir y convertir unas materias en otras. Mi poder es limitado, mas no por esto debéis quemarme a fuego lento, pues esto equivale a hacer ahorcar a un médico que os hubiera curado de unas fiebres tercianas y no pudiera curaros una parálisis». Pero los jueces podrían replicarle también: «Pues bien, demuéstranos que posees algún secreto de la magia o consiente en que te quememos».



en Diccionario filosófico de Voltaire, 1764









domingo 15 de febrero de 2009

La profesora de yoga, por Ramón Ce






Me postro a los pies de mi maestra perfecta
Dedicando cualquier mérito que surja de este opúsculo
Para la liberación de todos los seres




Antes de recostarme y descansar pensaba en esa conversación imaginada, tú ya escribiste un cuento que se llamaba así, ¿no? Eso fue antes, hace mucho tiempo. En él había dos hombres que se enamoraban al mismo tiempo de la misma mujer y que a lo largo de años se turnaban para amarla pues ella estaba imposiblemente enamorada de ambos y no sabía cómo explicarlos y antes que pasara nada, antes que siquiera supieran que los dos estaban enamorados se conocían en una clase de yoga donde ella era la profesora y hablaban de lo hermosa que era esa misteriosa y vaporosa mujer que les guiaba los ejercicios matutinos y luego tomaban un café y conversaban de sexo; uno de ellos era un escritor y el otro, ya no lo recuerdo, hablaba el uno y fabulaba el otro sobre los misteriosos designios que les reunían. Entonces supieron, al cabo de varias clases, aunque uno de ellos sabía desde el principio, guardando para sí el nombre de la profesora.

Elisa gusta de su nariz aunque a ratos no puede evitar pensar que es grande y que si se la miran mucho tiempo puede empezar a crecer y a crecer; esa imaginación fundada en pinocho que de niña le causaba pavor ahora la divierte y talvez apena en los días nublados cuando está sola y estira su mat y dóblase de maneras precisas, preciosas y casi indecibles hasta que se olvida de nariz, de lengua de cuerpo y de mente, de India, de lo bien que se ve en bikini, de la primera clase de yoga en la que participó hace ya más de veinte años, del espacio algo queda, una especie de luminosidad latente, un vacío, un algo, que late de día y noche infinitamente.

¿Qué día es hoy?, martes, no, domingo, no, lunes, no… era fácil descolgarse de ahí, eso lo hacía atractivo y doloroso, el tiempo, el transcurso de sucesos encadenados en un calendario. Pasaba el tiempo de modo sutil y feliz, una constante llamada de atención y presencia muy relajada, muy alerta, atento, descuidado.

No se nada de su historia, ni siquiera la conozco. No puedo decir si es o no es si está o si no está, sino está, sino esta: contó que además practica meditación. Como escritor imaginó un futuro doloroso y feliz, rápidamente llevó la vida de la yogini a una realización y terminó matándola al momento de alcanzar la iluminación. ¿Qué es eso de la iluminación?

Apareció, digamos, un día viernes de noche. Llegaron juntas. Se sentaron en un largo salón, en un círculo en silencio primero y luego habló una persona y miraron un video y comieron algo. La siguiente vez le indicaron qué hacer cuando estaba sentada, estable y relajada, etiqueta tus pensamientos o sigue la respiración, lo que te sea más fácil, entrena cuando puedas.

En invierno fue invitada por una semana a meditar. En verano fue un mes. El cigarro es como un reloj. Y el cigarro se acaba. Se los fumaba de a dos. Estudiante ansiosa. Lo dejó durante una visita al mar. Escribir es o era debiera ser estar abierto más bien permitirse permeabilidad parece. Mendhelson, vino, tarde soleada de invierno después de la lluvia, pero ella antes.

Otro verano en el sur practicando yoga durante un mes. Muy intenso, muy fuerte. Luego de un par de años un año en India. Y las sucesiones cíclicas. El suceder en ciclo. Como el viento que sopla desde todas direcciones en la ciudad y en las cumbres. En el deambular en la ciudad. En el estar en la cumbre. Modelo de los vientos: catábicos y anabáticos, que bajan con los hielos desde los glaciares o cumbres, que suben con las bajas presiones hacia el cielo por los bordes montañosos; lo más increíble es que no hay modelos del viento que comprendan todas sus dimensiones, es caótico impredecible y desordenado, así es la mente, sólo que hay que empezar a mirarla en seis dimensiones para desgastarla y no destruirla, al cabo descubres que es vieja, que se hace muy amiga de tu cuerpo. Ahí podría explicar los trastornos neuróticos, todos. Pero retrotraer lo artístico al inconsciente es de diletantes.

Esto necesariamente se basa en cuestiones reales. Cosas que pasaron y pasan o empiezan a pasar de manera real cada vez más directamente.

Extranjera se relacionó con otros, ella profundamente, forjó lazos unidos por magia mente fantasía y locura. Dejó atrás la vida anterior como en una cabalgata, sin mirar atrás los resabios de la batalla. Eso no suena muy bien pero es que así es India desde acá, el mahabarata y las mitológicas vacas guerreras ecológicas. Alucinaciones, guerras corporativas pro planetarias, infinitesimalismo.

Creía que la componenda del mundo pasa por el desarrollo individual que profundiza una sólida convivencia surgiendo inagotable del amor, la aceptación, la bondad, la cordura. Hasta ahora nada más especial ha pasado por estas causas y condiciones.

Que se dedican al testigo y a la conexión por medios más discretos y muertos. Como nada acaba ellos la siguieron acosando por entre los bosques de la meditación, las selvas bárbaras, las ínsulas extrañas, por el mundo ancho y ajeno. Con el escritor tuvo un romance en India por unos años, con el otro que se había hecho siquiatra tuvo hijos casa y una... situación. Ya más de edad se reencontró con el escritor en un retiro y donde quedaban cenizas. Los años pasan, las tazas de café se acaban, vivimos vidas muy ocupadas y debemos continuar. La profesora de yoga se mantendrá en su oasis de quietud ayudándonos en las posturas. Entregándose con una generosidad que implica el abandono total de su ego en la entrega completa y total a lo que se está haciendo, a lo que está sucediendo. Estar plenamente presente de manera auténtica es ser completamente generoso, estar enteramente disponible a deslavarse de las aprehensiones neuróticas del yo.

Una noche tuvo un sueño, como en el cuento anterior. Soñó con Atacama, o con el Gobi. No era un sueño de muerte ni de maravillas, era un sueño cotidiano, cocinaba, lavaba, tejía, vivía con dos hombres y compartían el lecho mezclando el placer y los extremos de manera muy natural. Ella los había escogido, uno era un primo algo menor, el otro un huérfano. Ellos trabajaban y cuidaban a los niños, les enseñaban oficios. Ella les daba comida y les enseñaba oración y contemplación. Como nómades se movían, ella se dedicaba a la práctica del Chöd. A veces llegaban viajeros extraviados, siempre se sorprendían de ver la familia de nómades, un oasis de humanidad entre las miles de tonalidades rojo y ocre de las dunas. Se extrañaban aun más cuando se les invitaba al lecho, la piel de la mujer lozana, su cuerpo feliz de deseo y ansia. Nunca pudo concebir hijos, los niños llegaban de monasterios o los traían sus hombres luego de viajes de muchas lunas, pero eso los viajeros no lo sabían. Era una vida feliz, salvo que el tiempo destruye todo y sus dos esposos murieron, ella se deshizo en lágrimas y se perdió en las montañas. Entonces no supo si era un sueño o qué, pero le explicó algo su relación con dos hombres a los que amaba al mismo tiempo. Rápida y certera como una flecha multiplicó las explicaciones a su sueño, analizó desde todos los puntos de vista y luego los desechó para dedicarse, como tú, generosa, completa, desinteresada mente, al presente.










lunes 2 de febrero de 2009

Para hacer un librobjeto, por Ramón Ce





Nese cítase
Una pisca, sólo una pizca de gracia

Una piscina con vista al mar -acantilado de preferencia- y al menos 5 (synco) chicas en topless y patines que sirvan bebidas frías.
Los número impares, por alguna razón mística, numerológica, azaroza u objetual son recomendables.
Necesitamos una cantidá similar de matemáticos, laboratoristas, copistas, genetistas y otros istas.
prefiera las vanguardias
Esté siempre en guardia
Bebe su leche libre de grasa, lactosa, lactasa y re-despausterisada
en cantidad moderada
Acopie Agobio
Holgazanee como si fuera un trabajo de tiempo completo
evite el pan, las pastas más nuca las papas
evite la lectura de Reyes-Ubilla,Martínez-Mancilla, Lira-Valdés, Goicolea-Zañartu,y los demás
Comienze a reciclar una guía de teléfonos nueva, entonces tendrá su primera página
Junte cascarria de gato treintón para confeccionar un bloque de tin - tá
Pensamos que el poema pueda beneficiar a todos
Y no separar de la felicidad o las causas de la felicidad a ninguno
Queramos que lo escrito enseñe, encamine e ilumine a sus lectores
Siempre es innecesario y hasta confuso la protesta
la revuelta
la agitación
el descalabro
la violencia
el exceso gratuito fatuo incomprensible
Manifieste su inteligencia como surga
Así está perfecto pues es lo necesario
Manténgase en la vía
No deje que nadie le diga nunca
que no puede ser poeta
o escritor, artista, creador.
Permita que las delusiones personales se vuelquen en desilusiones
y que de esas tristezas trizadas emerga el poema
Cual mariposa o colibrí
Súbito, Despierto, Incansable, gOZOSO
Y pErMiTa LoS HuEgOs AdAJeTiVaLesssssssss
Der ConCEErTo de ConCeCtOS hAga CasO OmisO
y en los viernes nunca olvide su paila
saque a bailar una miga
de marraqueta mejor
o póngale ficha a su señora
que en el verano, vaya... en el verano
nO pOdemOs
nO OlvidemOs
al autOr
durO cOn el hacedOr, que nO haga más trajes que nO sean para el bienestar de lOs demás
MÁS Y MÁS ALLÁ, ido, completa, total
MenTe y Semilla despierta









lunes 26 de enero de 2009

... así acaba el universo..., por Ramón Ce






... cuando terminan de pronunciar los miles de millones de nombres posibles de todos los seres, con dioses cansados, con guerreros irrefrenables enfrascados y comprometidos sin sombra de duda en el desarrollo e iluminación del todo y de todos; con momentos llenos de magia, seres mitológicos, sueños, con la conjunción de todos los deseos, agresiones e ignorancias en un sólo instante, con el descenso de la luz de la comprensión y conocimiento profundo en las conciencias de todos los seres, con el giro espiral de los tiempos en una entropía refleja que nunca cesa de manifestar la inexistencia de las dimensiones, con suicidios colectivos, orgías, plagas, locura y muerte infinita que se repiten y se repiten y se repiten y nunca acaban; pero así es como acaba el universo que nunca acaba, pues el principio era el final y el propósito desesperanzador del viaje de la realidad a través de la intensificación de toda manifestación mental era la realización de la insustancialidad e inexistencia del tránsito, -tal vez podría haber sido más claro: pero la claridad y simpleza tripal de estas sentencias no contribuye a la demora necesaria de la lectura- todos estos textos comentan y presuponen una compleja historia del futuro del universo y de la expansión imposible de los humanos y las manifestaciones de su inteligencia por el cosmos hasta que se den cuenta que siempre estuvieron ahí... ¿y cuál era el principio, y cuál era el fin? ¿era espiral circular o lineal, o tal vez no pitagórica la determinación de la forma y del vacío que arquitecturaba la imagen de un fractal constituido de galaxias y novas? ¿y todas las nubes de nombres de todas las cosas posibles con su materialidad infinita e insustancial podían acabar, extinguirse y desaparecer como si nunca hubieran estado ahí? ¿y por qué eran tan importantes estas preguntas?




Imagen: Voyager, Ivan Sainz Pardo