14/10/18

Sueño, por Luisa Johnson





Ella había escondido un sueño

en un armario oscuro.

Vicente Huidobro


La ilusión de todos daña
como lluvia caída a destiempo
o fruta tibia desprendida de algún árbol.
Es un sueño silencioso
que tal vez se hereda,
enterrado en un armario,
fragante a musgo, a líquenes,
a esa tierra húmeda que descansa
bajo las piedras.

Cuando el engranaje del mundo
se espesa entre los dedos
apremiando, robándonos la flor,
entonces,
quisiera abrir las puertas a ese sueño,
guiarlo a la ventana donde atardece
y como quien lanza un beso al universo,
echarlo a volar en este septiembre.



en Horario de un caracol, 2016

Descontexto Editores, 2ª edición













27/9/18

Sartén, por John M. Bennett





lo inmundo de mi
brazomelette der
echo la siesta
triturada de la cu
eva del izqui
erdo salen un
bes el infra
mundo verde como
cogote verde
como cogotemato
el pasto del
día listado del
día lisiado en mi
s zapatos vacíos
mi calzado lleno
de piel gas tado
de piel que si
vuelve a cam
inar a cam
inar como huevo
ayer comía

cho mba



en Olas cursis, 2018











11/9/18

Linternas en el túnel, por Lina Meruane





Pensamos que era posible ocultarnos, que en el estrecho canal con sus estrechas columnas con sus aguas estrechas y nuestros pies enormes buceando entre ellas, pasar inadvertidos. Y fue posible hasta que la noche estrenó orificios en su telón: astros nada fugaces, en absoluto efímeros como nuestros recuerdos: miradas azules en la noche estrellándose junto al arrastre de nuestras pezuñas, sobre los lomos de nuestros cuerpos mamíferos, infiltradas en nuestras escamas, en las gargantas anfibias y aullantes. Los ojos de la noche congelaban nuestro secreto, las nubes arremolinándose como nuestra confusión. El nervio óptico de la noche. No podemos oír qué dicen, dijo uno de nosotros. Y escuchamos el goteo de luces sobre el agua apozada. Quisiéramos entender, dijo, pero estábamos encerrados en la frontera de nuestro siseo. Voces roncas, las nuestras. Oídos que criban todo menos el silencio. Hundimos nuestras patas hacia delante; nos sumergimos hasta que los párpados de las linternas se fueron cerrando y volvimos a encontrarnos en la oscuridad.



en Cien microcuentos chilenos, 2002

Juan Armando Epple, antologador












28/8/18

Es odioso que un joven bien educado..., por Sei Shōnagon





Es odioso que un joven bien educado, al visitar a una mujer de clase inferior la llame por su nombre en voz tan alta que todos se enteren de que los dos sostienen una relación íntima. Por más que sepa bien su nombre, debe pronunciarlo de modo que parezca haberlo olvidado. Por otra parte, esto quedaría mal si visita de noche a una dama de honor. En semejante ocasión, debe llegar acompañado por un servidor que llame a la dama, un servidor del Palacio Imperial, si ella está ahí, o alguien de la Sala de Servidores, porque si la llama él mismo, su voz puede ser reconocida. Si va a visitar a una sirvienta o a una persona subalterna, semejante precaución es innecesaria.



en El libro de la almohada, año 1000 aproximadamente











6/8/18

Intuir es destruir, por Aciro Luménics






¿Es necesaria la pregunta en dicho acuerdo?
¿Es necesario el acuerdo en dicha tesis?
De esta tesis, despojarme quiero,
exclamó Felipe, intuyendo el Gran Vacío.

(Intuir es acceder, susurró entre apéndices,
al penetrar en el silencio).



en Correcciones a las correcciones de las correcciones
(del señor Felipe Cussen), 2018
G0 Ediciones











17/7/18

Un hombre que duerme, por Georges Perec





Fragmento

No eres más que un ojo. Un ojo inmenso y fijo que lo ve todo, tanto tu cuerpo arrellanado como a ti mismo, observador observado, como si hubiese girado completamente en su órbita y te contemplase sin decir nada, a ti, al interior de ti, el interior negro, vacío, glauco, aterrado, impotente de ti. Te mira y te deja paralizado. Nunca dejarás de verte. No puedes hacer nada, no puedes escaparte, no puedes escapar a tu mirada, nunca podrás: incluso si alcanzases a dormirte tan profundamente que ninguna sacudida, ninguna llamada, ninguna quemadura lograran despertarte, ahí seguiría ese ojo, tu ojo, que nunca se cerrará, que nunca se dormirá. Te ves, te ves verte, te miras mirarte. Incluso si te despertases tu visión permanecería idéntica, inmutable. Incluso si lograras añadirte miles, millones de párpados seguiría, detrás, ese ojo, para verte. No te duermes, pero ya no te volverá el sueño. No estás despierto y nunca te despertarás. No estás muerto y ni siquiera la muerte lograría liberarte...



Originalmente en Un homme qui dort, 1967

Primera traducción al español, 1990











6/7/18

copos, por Draupadí de Mora





es posible que jamás seamos invernales
como los apancles
que bajo nuestros pies no crezca más la hierba
es posible, pues
que sigamos siendo lo que somos hasta ahora
copitos de caca cayendo dulcemente
a lo largo y ancho de la noche

es posible, repite mi voz perdida
que en la nariz del siglo dejemos
de existir o existamos, peor aún

oh, hermanos copos, empapelaremos el suelo
cuando por fin toquemos tierra
y otros copos vengan a oscurecernos el sol
y a darnos una suave lección de olvido



Inédito, 2018













29/6/18

Correcciones a las correcciones de las correcciones (del señor Felipe Cussen), Aciro Luménics






Correcciones a las correcciones de las correcciones
(del señor Felipe Cussen), de Aciro Luménics
Chapbook
G0 Ediciones
2018




27/6/18

efectos a, Michael Farrell





efectos a, de Michael Farrell
Selección y traducción de Kurt Folch
Poesía
G0 Ediciones
2018





26/6/18

Eliminación de oraciones, por Alejandro Zambra





En los ejercicios 55 a 66, señale qué oraciones o párrafos del enunciado pueden ser eliminados, porque no agregan información o no guardan relación con el texto.

55.
(1) Durante años nadie vino a visitar mi tumba.
(2) Tampoco esperaba a nadie, a decir verdad.
(3) Pero hoy vino una mujer a dejarme flores.
(4) Cuatro rosas rojas, dos rosadas y una blanca.
(5) No sé quién es, no recuerdo haberla conocido.
(6) No creo que sepa que fui una mierda de persona.

A) Ninguna
B) 2
C) 4
D) 5
E) 6
[...]



en Facsímil, 2014










18/6/18

Texto del amanecer, por Clemente Riedemann






Dándose cuenta de todo, pero sin poder controlar nada, amanece en su territorio retórico donde agrega textos con la ilusión de diferenciarse de los otros y a la vez reconocerse. Pero cada vez es más los otros, y estos más parecidos a él mismo. De tal modo que presentándose libre/nuevo/único, el amanecer se desliza en la jaula del texto que supone de su autoría, porque, a decir verdad, está construido con palabras ya escritas un montón de veces. Sin embargo, hete aquí la luz solar desgarrando el spleen, repartida aquí acullá en sílabas viejas/nuevas/similares/únicas, con las que imagina sus opciones de felicidad.



en Riedemann Blues, 2017











25/5/18

Me retracto, por José Ángel Cuevas





Yo, que ataqué a la tele por vacua
y hueca. Sí, sí.

Ahora comprendo que la tele
puede ayudar a una vida vacía
en los días desiertos
gente sin trabajo / sin amor.
Puede sentarse en un sillón azul y dejarse llevar
por aventuras yankis o aldeas españolas
grandes cintas de los años de post guerra.

Uno puede pasar todo el día
perdido en otros mundos lleno de imágenes
Y no en su pobre vida de mierda.



en Maquinaria Chile, 2012











25/4/18

“Porque allí vive mi corazón”, por Raúl Zurita






Arrasado, acosado por las aguas
por los sueños en que sólo a ti te busco
Flores cruzaron los torrentes
y más aun se angostan
los puentes cuando te alejas
Han cambiado su curso los ríos
y ya luego correrán sobre el cielo
Así también habrán de subir los grandes imperios
y el deseo
entre las zarzas ardientes de tus orillas

Allí vive mi corazón,
donde se quiebran estos ríos
y únicamente tú eres su curso

            sólo tú navegas



en Canto de los ríos que se aman, 2010

(1ª reimpresión de la 1ª edición)
 












29/3/18

Gracias Gracián, por Carlos Decap





A mi amigo Carlos Cociña


Los panarras buenos hombres amenistas
Lisonjeros sencillos y buenas pastas
Se hicieron a la banda de ultramar
Persegidos por un aforismo
Poco importa la honra antigua
Si la infamia es moderna
Ahora se reirían de esa vejedad
Por último lo más apropiado era callar
Y escuchar a Gracián
Y callemos con gracia.



en Mal pasajero, 2017










13/3/18

Objets in mirror are closer than they appear (Sobre Flash, de Franklin Goycoolea. Go Ediciones, 2017), por Manuel Illanes




 
La más reciente publicación de la editorial chilena G0 Ediciones reúne una serie de imágenes y textos del poeta y fotógrafo Franklin Goycoolea, amén de una nota preliminar (firmada por el mismo Franklin) y una conversación sostenida entre éste y Juan Luis Martínez en septiembre de 1991, transcrita por Martín Cinzano. Todos estos materiales permiten dimensionar el trabajo realizado por Goycoolea a lo largo de los años, creando una suerte de “retrato” fantasmal del artista; retrato que se ve reafirmado en el epílogo que cierra Flash, texto elaborado por Carlos Almonte en el que la labor del poeta santiaguino es puesta en términos del situacionismo surgido en los años 50’: “Escribir como un disparo. Disparar como escribiendo. Goycoolea es un fotógrafo situacionista, en las tres acepciones acuñadas en 1958”, (p. 103).

Hay que aclarar de entrada que la poesía de Goycoolea se liga problemáticamente con la práctica fotográfica que él realiza, al menos en lo que al libro de G0 Ediciones se refiere. Sus textos surgen a partir de la observación de acciones cotidianas o paisajes urbanos, de los cuales el hablante se separa para instalar una suerte de reflexión en torno a las cosas y el significado que ellas presentan: hay, por tanto, una distancia que se hace palpable entre el lenguaje y sus referentes y que se manifiesta en una cualidad metaliteraria de la escritura de Flash. Esto se traduce a nivel de los poemas en la abstracción y sequedad que exhiben muchos de los textos que forman parte del libro, siendo Tergiver’s art el epítome que alcanza categoría de arte poética respecto a esta postura: “Forzar / Torcer / Las razones, argumentos / o las relaciones de los hechos / y sus circunstancias / Para defender o excusar / alguna cosa” (p. 12). La abstracción a la que he aludido antes, encuentra en poemas como El retrato familiar, Variedad del rostro humano y el magnífico La novela punk sus puntos más altos: “Comer sin parar / Tomar sin parar / Escribir es como fotocopiar / Te avergüenzas el que no eres / Te disfrazas / en pensamientos y erráticas miradas / como moscas / evitando el peso de una resaca / Hazte uno contigo en lo fragmentario / el resto resta en residuos de collage / Las moscas sobrevuelan / el lugar que real / y prácticamente habito / en mi cabeza” (p. 65).

Por el contrario (o mientras tanto: aquí el lector puede escoger libremente cuál locución adverbial usar) las fotografías que el libro incorpora desarrollan preferentemente un relato de soledad y marginación en que destaca, por sobre cualquier otro tema, la visibilización de un Valparaíso precario, siempre al borde del derrumbe y el abandono. En ellas parece gravitar la sombra de Edward Hopper, el pintor norteamericano, especialmente en aquellas tomas donde prevalecen las visiones nocturnas del puerto y en otras donde se presenta a personajes solitarios meditando en sus ventanas, de manera similar a como figura en cuadros emblemáticos de Hopper tales como Morning sun. Esta visibilización de la fragilidad del puerto adquiere en ciertas imágenes un lirismo intenso, como sucede, por ejemplo, en aquella fotografía que muestra una bandera chilena desgarrada flameando sobre un horizonte en que destaca la silueta del edificio del Congreso (en que parece resonar, de manera lejana, el trabajo del Álvaro Hoppe de los 80’), que hallamos en la página 13.

El diálogo que se transcribe, casi al final del libro, entre Juan Luis Martínez y Franklin Goycoolea, viene a resolver, de alguna manera, la tensión planteada entre palabra e imagen en Flash, puesto que en él se reflexiona, justamente, sobre el estatuto que cada uno de estos conceptos ocupa en la poética de ambos escritores, en especial respecto de la relación entre fotografía y silencio: “JLM: Una vez me ocurrió ver una serie de fotos tuyas en las que jugaba un papel central el ruido y la sobreexplotación de elementos que remitían a una laceración, a un desgaste. Sin embargo… había ahí un silencio por el cual la foto dejaba un espacio de respiro necesario. Una abertura. FJG: Definitivamente creo que muchas fotos, si no todas, tienen un silencio, un espacio en que no significan más que su silencio”, (p. 94). Encontramos aquí una teorización que permite establecer un puente entre el trabajo textual que desarrolla Goycoolea y su labor fotográfica y, también, que cierra de forma adecuada el retrato fantasmal que Flash construye de la figura del autor, que, parafraseando al mismo Juan Luis Martínez, podría resumirse más acertadamente en el caso de Goycoolea como “La vida del autor: su palabra, su imagen”.



CD MX, marzo 2018










6/3/18

Las Lenguas, por George Oppen




 
(Las lenguas)
de la apariencia
hablan en el inevitable
viaje inmenso
viaje algo se pierde con negar
esa fuerza los momentos los años
incluso de muerte perdidos
al negar
esa fuerza      las palabras
fuera de ese remolino propias
y no propias extrañas
palabras que lo rodean



en George Oppen: poesía, ensayo y entrevistas, 2012

(Traducción de Kurt Folch)

Originalmente en Primitivo, 1978










27/2/18

Un mapa físico, por Martín Cinzano



 

allá al fondo
pasando el cráter

si usted serpentea
en dirección este

y sortea las dificultades
propias del mapa

físico

subirá subirá
hasta la punta del cerro

y en la punta
del cerro

como observándonos
atenta o indiferente

de una sola mirada

abarcando cráteres
minerales destellos

de plata embrutecida
dentaduras camisas

rasgadas las banderas
el farellón y más allá el mar

se alza la roca

y la roca lleva grabados
nuestros nombres

y parece que por el peso
de nuestros nombres

la roca fuera a caer
de un momento a otro

salir disparada y rebotar
y ascender y descender

eternamente

entre una cordillera
y otra cordillera

destruyendo a su paso
todo cuanto halle

de vida y esperanza

cuesta abajo y cuesta arriba
en la rodada

atrapada en un vaivén
eterno como un soplo

bastaría

un imperceptible acomodo
tectónico

un grito de oquedades
marítimas

podría al fin
desgajarla del cerro

de los muertos



Inédito, 2018