21/6/17

Cherry blossom, por Clemente Riedemann






a Nelson Schwenke y Marcelo Nilo


Junto a los muelles parece de aluminio el Potomac.
El capitolio florece al fondo de una bruma azul.

Las luces de los aviones no cesan en su fulgor,
iluminando los camarones en nuestros platos.

Mejor que nunca es el vino cuando se bebe
entre amigos que cantan. Cuando el alma está
en paz i el corazón late sin prisa, porque el trabajo
está bien hecho.

Como barcos de otra época, amarrados en los muelles
de las afueras del universo, nos sentimos.

Ni jóvenes ni viejos, no hay expectativas,
ni sobreviven las dudas: sagrados i jubilosos son los días.

Es nuestro karma encontrar la felicidad
a orillas de un río.



en Una casa junto al río (Antología, Descontexto Editores), 2016

(Originalmente en Wekufe en NY, 1995)







13/6/17

Trotsky v/s Lukács, por Mario Spachiaro






...Lukács, desmintiéndose él mismo sin fin, ha hecho ver con una nitidez caricatural a qué se había exactamente identificado: a lo contrario de sí mismo.
Guy Debord


Beben, fuman, leen versos;
ensayan antiguos boleros,
caricatura y baile entrometido.

Recorren las calles del puerto
tomados del brazo como dos marinos infames;
como dos putas dialécticas
suben, bajan escaleras,
y en los rellanos manosean sus
despóticas inquisiciones.

Bajan, ya ebrios, al Cinzano:
gritan a Pessoa sobre los tejados,
a punto de caer.

Compran más botellas
que descorchan rumbo al molo,
agitando sus pañuelos
hacia alguna incauta que se cuelga de los hombros.

Un abrazo mal parido,
una palma,
un roce,
piel reseca
y un asible movimiento
que intenta pasar inadvertido.



en El arte del alcohol, 1999






9/6/17

Conquista, por Juan Carlos Miranda






a. C.


Calisto
fue el niño
que escapó del frío

hoy conquistó
su cuerpo de granizo
en la insolación de la membrana

descansa
cubierto de hierba oscura.



en Las cuatro estaciones del frío, 2009






31/5/17

¡PÁN!, por Raimond Ceos











La aptitud críptica 
su construir poético
su humor amoroso                                                                                                                             grita

Tal arte desmantelado
amatoria incompleta
infinitud de lengua
hipo y táctica                                                                                                                                      letra

Naufragio exquisito
directo al grano
claro y precisa                                                                                                                                   agua

Inverosímil paisaje 
imbricada lengua
tensiona da cuenta 
de aquella indecible                                                                                                                       hambre

Añora describir
mesetas múltiples horizontes 
distancia justa                                                                                                                                 harina

Osar (tiempo: lectura)
un lector querrá
-cómo resistir-                                                                                                                                 fuego


                                     ¡PÁN!



Inédito, 2017






9/5/17

No creo en la vía pacífica, por Nicanor Parra






no creo en la vía violenta
me gustaría creer
en algo –pero no creo
creer es creer en Dios
lo único que yo hago
es encogerme de hombros
perdónenme la franqueza
no creo ni en la Vía Láctea



en Emergency Poems, 1972







4/5/17

Zona de fumar, por Carmen Villoro






El cigarro es la soledad
que uno elige.
César Luis Menotti


Miro a esas mujeres que fuman sus cigarros
como si hicieran el amor.
Una de ellas desprende la cintilla de celofán
con la gravedad de quien desabrocha un cinturón
o desanuda una corbata.
Otra acaricia con tres dedos la lisura blanca
anticipando un fuego conocido,
queriendo retrasarlo.
Hay la que lo detiene con los labios
disfrutando su peso,
su seca desnudez
y después lo humedece para volverlo propio.
La primera lo absorbe hasta el abismo,
se hace un poco de daño
para sentir que existe.
La segunda lo mira iluminarse
y consume en secreto sus recuerdos.
La tercera sacude la ceniza,
mira el humo
como quien se despide en una calle solitaria.
Una lo apaga con pequeños golpes,
sabe de espasmos.
Otra lo tira al piso, lo tritura
y esa violencia la desquicia suavemente.
La tercera lo deja consumirse
porque no le gusta apresurar ningún desprendimiento.
Parece que platican,
desayunan en este restorán,
piden la cuenta, así, como si nada.
Pero sus cuerpos habitan en otra realidad,
sus almas vibran,
su soledad salvaje las denuncia.



en Marcador final, 2002






27/4/17

Arranco todas las flores de mi cuerpo, por Aleyda Quevedo Rojas






(Arranco todas las flores de mi cuerpo)
para ofrecértelas, Señor.
Allá voy, mas desnuda sin las diminutas flores
del torso, más desvestida que nunca
sin las dalias que crecían en mi espalda.
Voy saltando las piedras ciegas de la desdicha
y el viento me ayuda a alcanzar la arena.
Señor de las Angustias, todopoderoso mío,
me despojo incluso de la flor pasionaria
y de la corona de heliconias que adorna mi pubis.
Desnudísima, para entregarme a ti,
sin los lirios de la nuca o los girasoles de las nalgas,
pulcra, tal vez insondable isla de misterios.
Y no más rosas, ni margaritas, ni violetas
encandiladas en mis senos.
Limpia estoy, vuelta promesa.
Brillante y sola para entregarme a ti
sin las astromelias del sexo,
sin la flor azul del corazón.



en Antología de la poesía ecuatoriana: línea imaginaria, 2015






19/4/17

Fantasmas, por Draupadí de Mora






vengo de donde los que no somos hombres /
aún se refugian / en fantasmas sin fantasma
de donde aún se necesita el refugio
para la falta de sueño y el ojo seco
de donde se destapan cervezas verdes
al volver sobre el viejo positivismo
todavía envuelto en su suave polvo

vengo pero no llego sino que vengo vengo y vengo
y mi venganza es tan sin blanco tan silenciosa
como el vacío de una pierna amputada
invisible /
como los fantasmas que nos acogen en sus brazos
vanamente felices



en Lo merecemos todo
(Mantra Edixxiones), 2017






30/3/17

Leve canción, por Pedro Lastra






Mientras espero tu llegada
las aves sobrevuelan el jardín silencioso:
ellas también te esperan,
con sus alas dibujan tu figura
y te veo venir por un claro del bosque
junto al agua real
encantada por pájaros más veloces que el sueño.



en Poesía completa, 2016






23/3/17

Cuando Fidel salvó a Bob, por Dylan Maniac



 
A partir de la canción Motorpsycho Nightmare de Bob Dylan


Ahora se cantan y cuentan eventos que podrían ser de pesadilla para un motorista; o bien son solo el encuentro de un sicótico y un motorista que ocurrió realmente a alguien que un día daba vueltas sonámbulas en algún lugar perdido de la amplia topografía del país de los Estados Unidos. Para situar histórica y temporalmente la narración, estos eventos de pesadilla fueron soñados más o menos a principios de la década de los años sesenta, es decir, poco después de la caza de antiamericanos del senador Joseph McCarthy, la crisis de los misiles EEUU-Cuba y el asesinato de JFK, entre otros sucesos memorables. En ese tiempo ocurría la Guerra de Resistencia contra América en Indochina-Vietnam, la revolución hippie de amorosas flores y el "Plan Cóndor", entre otras cosas que preferiríamos olvidar; redondeando, esto ocurría poco antes de la economía de Nixon y Reagan, Woodstock, el "Watergate" y otros eventos que tan célebremente determinan hasta ahora parte de nuestra realidad nominal y que preferiríamos no hubieran ocurrido y que tal vez -por qué no, si es ficción-, se vinculan causalmente con esta pesadilla y esta canción.

Este moto-sicótico, al que llamaremos “Bob” para simplificar el relato, se acercó a esta metafórica, onírica e indeterminada granja que parecía vacía y empezó a llamar hacia el interior, primero desde la verja, después desde el patio y ya adentrándose al recibidor de la casa, cruzando el umbral, frente a la puerta que parecía abierta, gritó: “Hola, ¿hay alguien en casa? ¡Aló!”. Bob estaba poderosamente cansado pues venía en su motoneta desde un lugar muy, muy lejano. Como nadie aparecía, Bob rodeó la casa llamando y cuando se sentó en las escaleras de la entrada sintiéndose mayoritariamente solitario y a punto de irse, frente a él apareció un acalorado granjero con cara de pocos amigos, armado con un rifle que sin dudar amartilló y presionó sobre las tripas vacías de Bob. Por toda respuesta, Bob, nuestro Bob, cayó de rodillas llorando y sollozando. “Me caen muy bien los granjeros, por favor no me mate…”, al tiempo que el, digamos cowboy-agricultor, vociferaba  sin mayor preámbulo: “¿Eres acaso el vendedor viajero que me dijeron que anda por estos lados?”. A lo que Bob solo atinó a responder: “¡No, no, no! ¡Soy doctor, es la verdad! ¡Soy un chico honesto, limpio y hasta universitario!”.

En ese momento entró en escena la hija del granjero, llamada “Rita”, que parecía recién salida de alguna escena del filme felliniano “La dolce vita” (pensemos, pues, que se parecería a Anita Ekberg, Anouk Aimée, Yvonne Furneaux, Magali Noël o Nadia Gray, escoja usted… y digamos que Bob la habría escogido estilo Ekberg); en ese instante, la viveza volvió a Bob quien, para calmar los ánimos, le dijo al padre de Rita cuán hermosa era su granja, y el granjero-perro-viejo no menos avispado, replicó: “¡Y qué sabe un doctor de granjas, hágame el favor!”, con lo que Bob, para salvar su vida, añadió poética y humildemente: "Es que yo nací en el fondo de un pozo de los deseos, y vivo para ayudar a cumplir lo que la gente honesta y trabajadora pida…". Por alguna razón, ya fuera la mugre de las uñas de Bob, su pelo ensortijado, su nariz prominente o lo que fuera, por alguna razón inexplicable que permite continuar esta torcida y pesadillesca moto-sicótica historia, ese granjero violento, paranoico, cogote colorado y seguramente republicano, se convenció de que Bob decía la verdad y era honesto. Entonces, aunque no del todo contento con la situación dijo como quien preferiría no hacerlo, entre molesto, celoso y como quién no quiere la cosa: “Parece que vienes cansado”, a lo que Bob replicó sin mediar pausa: “Oh, sí, muchísimo, más de diez mil kilómetros manejé hoy”; “Vale”, respondió el granjero, “tengo un lugar para ti detrás de la estufa… y te puedes ir a dormir ahora mismo. Con una sola condición: que no toques a mi hija y que mañana temprano ordeñes a las vacas”.

Así pues, Bob dormía como una rata cuando escuchó algo crujir y ahí frente a él se manifestó Rita, ahora cual encarnación del famoso actor Anthony Perkins en su personaje de Norman Bates. Rita, vaporosa, núbil, vestal, le  dijo melosamente, cual susurro o murmullo encantador: “Si quieres ducharte te muestro el camino…” y Bob para sí, pensó: “¡Ah no, esta película ya la vi!”. Nada de tonto el rápido Bob se percató de inmediato del peligro. En ese momento nuestro buen héroe tiene un dilema. Está consciente de la necesidad de escapar, virar, desaparecer, lo antes posible, cuando viene Rita y seductora, le dice, insistente: “¿Quieres ducharte ahora?”. Crece pues el dilema de Bob, quien no se puede ir a menos que el viejo campesino del rifle lo expulse porque había prometido ordeñar las vacas -es hombre recto y de palabra Bob-.

Se le ocurrió, en medio de su desesperación -dios mediante diría él- decir algo capaz de provocar gran impacto en el conservador agricultor, algo muy extraño, completamente fuera de lugar. Así que de golpe y sin pensarlo mucho gritó: “¡Me gusta Fidel Casto… y su barba!”. Rita reaccionó aparentemente ofendida pero al menos se quitó del medio cuando el granjero bajó raudo las escaleras gritando: “¡¿Qué es eso que escuché que dijiste?!”. Bob, corajudo, cojonudo, sacando astucia y fuerza de su situación límite y soñada, sin vergüenza declaró: “He dicho que me gusta Fidel Castro, creo que me escuchaste bien” y se agachó justo para esquivar el puñetazo que el campesino le lanzó con toda su fuerza y furia. Rita balbuceó algo sobre su madre en la punta del cerro, el puñetazo golpeó de lleno la nevera y el granjero exclamó: “¡Te voy a matar si no sales de mi casa en dos segundos, podrido doctor rata comunista!”. Todo pasó rápido entonces: el granjero arrojó contra el cráneo de Bob una revista “Selecciones del Reader´s Digest” -al parece la única lectura posible en casas republicanas honestas-, Bob la esquivó dando un triple salto mortal hacia atrás, atravesó un ventanal a mil kilómetros por hora, aterrizó suavemente en el jardín de flores de la casa destrozándolo, corriendo se montó en su motocicleta mientras Rita gritaba “¡Vuelve!” y el granjero comenzaba a cargar su carabina.

Bueno, parece que Bob ni por arte de magia volverá a pasear ni cerca de la casa del granjero -esperemos, con los sueños y pesadillas nunca se sabe-, a pesar de que en otros sueños le contaron que Rita se mudó y ahora trabaja en un motel. Seguramente el granjero espera por Bob, nuestro Bob, pacientemente, con su rifle cargado, en el umbral de su casa, ansioso de entregar al comunista Bob fanático de Fidel Castro al FBI. Por suerte para Bob, al menos en su sueño, la libertad de expresión lo salvó de terminar en el fondo proverbial de algún pantano, de esos pantanos ideales y oníricos que acaso solo pueden existir en los así llamados "sueños americanos".



  
 Motorpsycho Nightmare. Words and music Bob Dylan. Released on Another Side Of Bob Dylan (1964)


I pounded on a farmhouse Lookin' for a place to stay / I was mighty, mighty tired, I had come a long, long way / I said, "Hey, hey, in there, Is there anybody home? / I was standin' on the steps, Feelin' most alone / Well, out comes a farmer He must have thought that I was nuts / He immediately looked at me and stuck a gun into my guts // I fell down to my bended knees / Saying, "I dig farmers, don't shoot me please" / He cocked his rifle and began to shout / "You're that travelin' salesman that I have heard about?" / I said, "No! No! No! I'm a doctor and it's true / I'm a clean-cut kid and I been to college too". / Then in comes his daughter whose name was Rita / She looked like she stepped out of La Dolce Vita / I immediately tried to cool it with her dad / And told him what a nice, pretty farm he had / He said, "What do doctors know about farms, pray tell?" / I said, "I was born at the bottom of a wishing well". // Well, by the dirt 'neath my nails I guess he knew I wouldn't lie / He said "I guess, you're tired." He said it kinda sly / I said, "Yes, ten thousand miles today I drove" / He said, "I got a bed for you, underneath the stove / Just one condition, You can go to sleep right now: / That you don't touch my daughter and in the morning, milk the cows". // I was sleepin' like a rat when I heard something jerkin' / There stood Rita lookin' just like Tony Perkins / She said, "Would you like to take a shower? I'll show you up to the door" / I said, "Oh, no, no, I've been through this movie before / I knew I had to split, but I didn't know how / When she said, "Would you like to take that shower now?" // Well, I couldn't leave unless the old man chased me out / 'Cause I'd already promised that I'd milk his cows / I had to say something to strike him very weird / So I yelled: "I like Fidel Castro and his beard" / Rita looked offended, but she got out of the way / As he came charging down the stairs Sayin', "What's that I heard you say?" // I said, "I like Fidel Castro! I think you heard me right" / And I ducked as he swung At me with all his might / Rita mumbled something 'Bout her mother on the hill / As his fist hit the icebox He said he's going to kill / Me If I don't get out of the door In two seconds flat / "Your unpatriotic Rotten doctor Commie rat". // Well, he threw a Reader's Digest at my head and I did run / I did a somersault as I seen him get his gun / And chrashed through the window at a hundred miles an hour / And landed fully blast in his garden flowers / Rita said, "Come back" as he started to load / The sun was comin' up and I was runnin' down the road. // Well, I don't figure I'll be back there for a spell / Even though Rita moved away and got a job in a motel / He still waits for me, constant, on the sly / He wants to turn me in to the FBI / Me, I romp and stomp, thankful as I romp / Without freedom of speech I might be in the swamp. //





8/3/17

Aienga, por Leonel Lienlaf






Cuando digas: “Quiéreme”,
se abrirán las puertas para verte.
Pero yo no sé quién pronunció aquellas palabras.
“Quiéreme”. Seguro de mí querrán reírse
si caminando solo, voy en esta oscura noche.
“Quiéreme. Quiéreme”, grité sin esperanza
y desde un blanco relámpago,
riendo a carcajadas, me miró un caballo.
Me hizo señas iluminando la neblina con su lomo.
“Te llevaré a tierras extrañas si lo quieres,
yo vivo en lontananza, sobre baldíos prados” –dijo.
Un extraño miedo invadió mi alma,
de golpe cayó mi ánimo,
la tristeza y la nostalgia cabalgaban sobre la neblina
y un extraño sufrimiento
            me derribó por un acantilado.

 
en Epu Zuam, 2016