22/6/22

El fantasma que habita en mis espejos, por Bernardo Navia




El fantasma que habita en mis espejos,

que se empeña en guardarme los olvidos

como si fueran amores heridos

por secretos que han venido de lejos;

 

es un fantasma que a veces habla

con versos que navegan en la nada

y con la esperanza desesperada

con que se agarra un náufrago a su tabla.

 

Y en la noche, de mi lápiz a la hoja,

es fantasma que flotara perdido

y yo solo espero que no me pida

 

algún verso enfermo que se deshoja

a la sombra de un soneto torcido

e, igual que tu nombre, me hace una herida.




en Amar o DesArmar: He ahí el dilema, 2022

G0 Ediciones
















6/6/22

«Este es un libro acuoso», de Paz López





Este es un libro acuoso. Hay agua de piscina, de río, de tina. Hay lluvia y lágrimas. En ninguna de esas aguas la autora puede ver la imagen de su rostro, porque son aguas turbias y revueltas, y porque tiene todo su cuerpo sumergido en ellas. Así, con todo su cuerpo, y con la misma inestabilidad de quien tiende a ponerse de pie luego de haber sido revolcada por una ola, aterriza en la infancia. No tanto en los recuerdos como en aquello que tienen de álgidos e imprecisos. Un abrazo puede ser un ahogo, una caricia, un manoseo, los dulces una coartada, las palabras tiernas una perversión, el amor una negligencia. 

 

Talca es el nombre de la ciudad de infancia, pero también el de un golpe duro que sigue retumbando en estos poemas. La escritura de Cecilia Gajardo no busca amortiguar esos golpes sino adherirse a su ritmo, a su fuerza, avanzar pese a todo y extraer de allí su energía, como si vivir y recordar fueran cada vez un nado a contracorriente.




2021
























23/5/22

Escenarios, por Mónica R. Licea





En un terreno baldío, sobre el concreto de alguna calle, entre los arbustos de un parque público, a la orilla de un río, en medio del desierto, en una habitación de hotel, en un puente, sobre las vías del tren, en una cama o en el asiento de un automóvil: el mundo es un cementerio que transitamos a diario. 




en Perro ciego de nostalgia feroz, 2021






























17/5/22

El infinito verde, por Pilar Adón





Corrían las dos tomadas de la mano. Iban a ver el cadáver del loco con los dientes rotos que el padre de su amiga había encontrado la tarde anterior, y corrían entre los charcos, las zarzas, las ramas caídas, la hierba, las flores y las enormes piedras. Tenían prisa porque era tarde, la noche se les iba a echar encima. Así que su amiga iba delante, abriendo el camino, y Sofía se dejaba guiar. Era su amiga quien sabía dónde estaba el cadáver. Su padre se lo había descrito a ella y, por tanto, debía ser ella quien corriera rompiendo las ramas con los pies, haciendo un surco con el cuerpo, dejando un rastro tras de sí al pasar. Sofía iba detrás y a veces se reía.

 

Las dos respiraban una humedad constante, y cada vez que abrían la boca una nube de vaho aleteaba a su alrededor hasta desaparecer disuelta en el aire. El frío se enroscaba en sus gargantas, apretando con fuerza, y su amiga decía «ya llegamos» cada diez pasos. Sofía se reía diciendo que no llegaban nunca, y entonces la otra chica tiraba más de su mano y repetía: «Ya llegamos».

 

El verde las rodeaba, el verde limitaba sus movimientos, el verde no permitía ver qué había más allá, el verde ahogaba y no llegaban a su destino nunca. Sofía preguntó que por qué no se daban la vuelta.

 

—¡Porque no! Porque ya estamos cerca y sería ridículo abandonar ahora. Veremos al muerto, y luego se lo contaremos a las demás.

—Se hace de noche.

—¿Es que quieres que todo el mundo se ría de nosotras? —preguntó casi gritando su amiga, mientras soltaba su mano con violencia.

—No...

—¡Pues entonces vamos!

 

Y siguieron caminando con más decisión aunque también con menos fuerzas. El frío era cada vez más intenso, como eran más intensos los ecos producidos por los animales. Llevaban los pies empapados porque el verde no dejaba ver el suelo, el verde ocultaba los charcos, y las dos caían en ellos pensando inocentemente que todo lo que había bajo sus zapatos era tierra. Pero lo cierto era que aquel verde dominaba el recorrido.

 

—Tiene que ser por aquí —dijo su amiga en voz baja.

 

Y Sofía no se atrevió a repetir que deberían volver a casa. De todas formas, ya era casi de noche y el camino aparecería igualmente oscuro.

 

—No puede quedar lejos...

 

Eran dos excursionistas en busca de la representación fascinante que suponía un desenlace trágico. No puede quedar lejos... Las palabras de su amiga se fueron perdiendo en la distancia verde y, de pronto, Sofía advirtió que había dejado de oír su voz y que todo lo que podía percibir era el sonido de unas pisadas que se alejaban corriendo.

 

La llamó, gritó, pero no obtuvo respuesta. Tan solo el rumor de los pasos de su amiga que, cada vez más remoto, se unía a los demás ruidos de la noche, y que pronto se disiparía también, dejándola sola allí, en el centro del verde, rodeada de una aspereza húmeda y asfixiante, limitada por un verde que impedía pensar con claridad.

 

Repitió su nombre, esta vez en voz baja, y le pareció que la maleza se estremecía ante aquel sonido extraño, así que no volvió a hablar. Intentó avanzar en la dirección que llevaban las dos, pero decidió de inmediato que lo mejor sería darse la vuelta y emprender el camino de regreso. Sin embargo, no supo por dónde debía ir. El espacio abierto unos momentos antes había desaparecido. El bosque se había regenerado: había reconstruido en un segundo los desperfectos que ambas habían ocasionado. Tan solo el verde que ella pisaba continuaba modificado, aunque se trataba de un espacio muy reducido. Cada vez más reducido... Todo palpitaba a su lado en una transformación inagotable, y únicamente ella creía mantenerse quieta e idéntica.

 

Lo demás no cesaba. Todo evolucionaba en un fluir de vida y de destrucción, mientras Sofía permanecía cercada por el verde, en el interior de un reino que truncaba cualquier percepción de lo que sucedía en el exterior. Solo podía reconocer el sonido del viento entre las ramas de los árboles y el chapoteo de algún anfibio que nadaba, en círculos, junto a sus pies.

 

Debía pensar con tranquilidad. Debía considerar qué hacer, hacia dónde moverse, cómo encontrar a su amiga. Pero le iba a resultar muy difícil, ya que algo extraño estaba sucediendo. El espacio había comenzado a establecer sus verdes vallas en torno a ella, y, además, no era un animal deslizándose bajo el agua lo que producía aquel chapoteo que escuchaba continuamente, lo que le causaba aquel curioso cosquilleo en los pies. No supo cómo había comenzado el proceso pero, más tarde, cuando ya resultaba imposible intentar siquiera hacer algo, cuando se miró las piernas y luego fue bajando los ojos hasta llegar a los pies, comprendió que ya no tenía pies y que unas curiosas prolongaciones con pelillos flotantes habían surgido directamente de sus talones. Le habían crecido raíces. Que absorberían las materias necesarias para su crecimiento y desarrollo, y que le servirían de sostén.

 

Al darse cuenta de lo ocurrido, se sorprendió imaginando lo que podría suceder si una tarde, cuando estuviera casi anocheciendo y la luz empezase a confundirse con las sombras, dos chicas tomadas de la mano se aventuraran a pasar por allí, corriendo, en busca de los restos de aquella otra chica que se había perdido al querer encontrar el cadáver de un loco con los dientes rotos del que había oído hablar. Sintió pánico al imaginar los pies veloces de aquellas dos amigas, pisoteando, arrasando, destrozándolo todo. Le aterraba que pudieran pasar sobre ella y que ella, a causa de su origen diferente, a causa de su extracción no vegetal, careciera de la capacidad intrínseca de recuperación que advertía a su alrededor. Intuía un líquido extraño, de color indefinido, saliendo de su quebrada forma. Un color que no sería del todo rojo y que, tal vez, pudiera comenzar a ser verde. Verde como aquel universo salvaje y hambriento del que ya, sin remedio, formaba parte.




en El mes más cruel, 2010

























9/5/22

«Los animales han permanecido», por Luz María Astudillo





Los animales han permanecido inmóviles todo un día. No comen no duermen sus signos vitales se debilitan. La luz solar azota sus cuerpos y la tierra ennegrece. Vas a hablar de lo que está mal, dejaste espacios en blanco que irán tomando un color inexistente. El animal más pequeño se levanta y cava sin encontrar nada hasta caer rendido. Las palabras son juguetes tirados en una casa abandonada.




en Espacios en blanco, 2021


































12/4/22

Epigrama XXIX (Tao Te King), por Lao Tse





Para aquel que detenta el Imperio
querer manipularlo es ir al fracaso.
El Imperio es un vaso sagrado
que nadie tiene el derecho de manipular.
Quien lo manipula, lo arruina.
Quien se lo apropia, lo pierde.
Porque, con respecto a las cosas,
unas van delante, otras van detrás;
unas son cálidas, otras son frías;
unas son vigorosas, otras son débiles;
unas son estables, otras son efímeras.
Por eso el sabio rechaza el exceso,
rechaza la extravagancia,
rechaza la grandeza.



en Tao Te King, siglo IV a.C. (aproximadamente)
Versión castellana de Gastón Soublette

























7/4/22

“Hay algo de la infancia que no puedo dejar de lado”. Entrevista a Cecilia Gajardo, de Cristián Brito Lillalobos





 

Se trata de una de las voces poéticas más relevantes de su generación. Con tres publicaciones, Cecilia Gajardo (Talca, 1985), llega a la Feria del Libro de La Serena para presentar su nuevo texto Talca, (G0 Ediciones, 2021), que sucede a Piel verano (La Calabaza del Diablo, 2017) y a Sara Moncada (Editorial Carlos Porter, 2019), textos que han sido muy bien acogidos por la crítica especializada. Cecilia Gajardo es Licenciada en Escritura Creativa de la Universidad Diego Portales y su experiencia laboral ha estado relacionada con la cultura y las letras. [...]



[...]

 

¿Qué nos puede adelantar de su presentación?

Tengo tres libros de poesía publicados, pero me voy a enfocar en el último que saqué este año y que se llama Talca, por G0 Ediciones, que es un libro que ha tenido buena llegada en el público en general, porque no solo ha llegado a lectores especializados, como los poetas que nos leemos entre nosotros, sino que también se ha leído bastante entre personas que no son dadas a leer poesía. Eso me tiene muy contenta.

 

Ha publicado tres libros de poesía, ¿qué une o separa a cada uno en cuanto a su contenido? ¿Es quizás la memoria citadina uno de esos aspectos?

Yo creo que hay algo de la infancia que no la puedo dejar de lado, no lo he pensado mucho, sino que siempre que he vuelto a releer mis libros me encuentro con un acercamiento a la infancia bien potente, y lo otro tiene que ver con la geografía, donde me crié como autora. Hay ciertos costumbrismos y negligencias respecto a la séptima región, a Talca, esta zona de huasos y un poco del patriarcado también, y eso está en los tres libros; la superioridad del hombre, el conformismo de la mujer, pero jamás con una voz que tenga que ver con un panfleto, tiene que ver con la poesía misma, con la cosa que nace, con la imagen, con la fotografía más que con un discurso.

 

¿Cuáles son sus referentes o lecturas fundamentales?

Lecturas fundamentales no tengo. Leo un libro y luego otro, pero tengo hartos referentes en el cine, porque, como te digo, soy más de la fotografía, me gusta que el poema sea fotográfico y después se alargue en extensión de acuerdo al lenguaje o gracias al lenguaje. Pero siempre me gustará lo clásico, como La divina comediaHamlet, siempre voy a estar cerca de Ezra Pound, Anne Sexton, de Gonzalo Millán, por sobre todas las cosas; por ahí creo que va lo mío. Tengo que inspirarme en alguien y siempre cuando leo a Millán se me ocurren cosas para escribir. Igual me pasa con Bertoni, con Soledad Fariña. Por ahí va la mano.


[...]

 

¿Qué le parece la escena literaria en Chile considerando la gran presencia de editoriales independientes que han facilitado la promoción de la poesía? ¿Cómo lo ve usted?

Para ser honesta, las editoriales independientes son súper necesarias porque te quieren publicar, te tratan bien, en algunas, y decir por ejemplo que Overol, que no conozco a los chiquillos, aunque sé perfectamente quiénes son, es una editorial que trata muy bien a los poetas y los libros les quedan preciosos, Ediciones Tácitas lo mismo, Mundana Ediciones también es una editorial que funciona muy bien respecto a la poesía, y hay algunas que se la juegan, como Pez Espiral. Hay hartas editoriales con las que me saco el sombrero y no necesitan de poetas que se ganen un fondo del libro, y eso es muy bueno, como dar la apuesta sobre todo en poetas jóvenes.

 

[...]

 

Para terminar, ¿qué planes literarios tiene a futuro?

Yo no paro. Tengo una novela, mi primera novela, que es bien rara, media híbrida, no me sale mucho la prosa, pero tengo esta novela que va a salir por Lecturas ediciones y también tengo un libro terminado de poesía.




Laserenaonline.cl, 31 de marzo de 2022


 

Leer la entrevista completa en:

 

La Serena On Line:

https://bit.ly/3jcUtoX  

 

o en Letras s5:


























28/3/22

Dolorosa elección, por Maeve Brennan





La otra tarde estaba en un pequeño supermercado nuevo, esperando a que pusieran mis cosas en una bolsa, cuando vi a un hombre alto y andrajoso, con los ojos rojos, que a todas luces llevaba bebiendo como loco desde la cuna, intentando decidirse entre una lata de frijoles, una cena completa enlatada, una lata de sopa o una lata de pollo con champiñones. Tenía treinta y siete centavos o veintinueve centavos o una suma parecida y estaba allí de pie frente a las cuatro latas, fulminándolas con la mirada, las latas y los puestos de verdura, frutas, pan, etcétera. No lograba resolver qué comprar para alimentarse, y estaba claro que lo que quería no era en absoluto comida. Yo estaba pensando que no le culparía si devolvía las latas a sus estantes o si las tiraba al suelo y corría al bar de al lado, donde simplemente podía pedir una cerveza y bebérsela. Más tarde se me ocurrió que, por decirlo así, suele haber una sola cosa que anhelamos hacer y que nos perjudica, mientras que, si nos esforzamos por hacer algo bueno o virtuoso, la elección es tan amplia e inacabable que nos agotamos antes de poder decidirnos. Quiero decir que el impulso hacia el bien implica elección, y es complicado, mientras que el impulso hacia el mal es terriblemente simple y fácil, y yo siento lástima del pobre hombre alto de los ojos colorados.



18 de septiembre de 1954
 
en De Dublín a Nueva York (Antología), 2019